Al inicio del
curso lectivo, la directora de un colegio llamó a tres maestros y les informo:
“Puesto que ustedes son los mejores maestros de esta escuela, les vamos a dar
los mejores noventa estudiantes más brillantes para que se desarrollen a su
ritmo y veremos cuánto pueden aprender”. Los maestros y los estudiantes se
llenaron de alegría! Al final de año los estudiantes habían logrado el 30% más
que cualquier otro grupo de alumnos en la región. Y fue cuando la directora
llamó a los profesores y les dijo: “Debo hacer una confesión. Los noventa
alumnos que les entregamos son estudiantes comunes y corrientes y escogidos al azar”. Los profesores estaban
contentos porque habían demostrado una habilidad y experiencia excepcionales
con alumnos promedio. “Debo hacer otra confesión”, continuó la directora. “Ustedes
no son los profesores más talentosos. Sus nombres fueron los tres primeros que
sacamos de un sombrero”.
