Ella se fue acostumbrando a su ausencia y ya no era más el tema
exclusivo de sus versos, él se fue convirtiendo en papeles y cartas viejas que
se esfumaron junto con sus promesas de amor eterno. Lo último que ella recuerda
haber visto lo consumió lentamente el fuego, asistido por su mirada de
libertad. El amor empezó a morir cuando empezó a dudar. Decía Henri-Frederic
Amiel que: “La duda en el amor acaba por hacer dudar de todo”. El amor terminó
muriendo porque ya no se demostraba, no se expresaba, no se respetaba, no se
comunicaba, no se valoraba, no se acompañaba, simplemente no se amaba… Porque
el amor es una decisión de todos los días. Cuando decides amar pones todo tu
empeño. Y donde terminó el amor empezó el disgusto. Su pluma no volvió a escribirle
y decidió ese día que El nunca más sembraría en ella otra duda. Se acabó, lo
saco de sus pensamientos y ya no le importaba si lo que Él decía había sido
mentira o cierto. El amor es como la magia… Una vez que se acaba se rompe el
encanto. Alguien dijo que: “A veces, no es el amor lo que se termina… sino la
paciencia. Entonces Él dijo ¡Lo siento! ¿Podemos aunque sea seguir siendo
amigos? Olvidó que es como cuando quieres conservar un perro muerto. La amistad
acaba a menudo en amor, pero el amor no termina nunca en amistad.
