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jueves, 27 de abril de 2017

Se acabò...


Ella se fue acostumbrando a su ausencia y ya no era más el tema exclusivo de sus versos, él se fue convirtiendo en papeles y cartas viejas que se esfumaron junto con sus promesas de amor eterno. Lo último que ella recuerda haber visto lo consumió lentamente el fuego, asistido por su mirada de libertad. El amor empezó a morir cuando empezó a dudar. Decía Henri-Frederic Amiel que: “La duda en el amor acaba por hacer dudar de todo”. El amor terminó muriendo porque ya no se demostraba, no se expresaba, no se respetaba, no se comunicaba, no se valoraba, no se acompañaba, simplemente no se amaba… Porque el amor es una decisión de todos los días. Cuando decides amar pones todo tu empeño. Y donde terminó el amor empezó el disgusto. Su pluma no volvió a escribirle y decidió ese día que El nunca más sembraría en ella otra duda. Se acabó, lo saco de sus pensamientos y ya no le importaba si lo que Él decía había sido mentira o cierto. El amor es como la magia… Una vez que se acaba se rompe el encanto. Alguien dijo que: “A veces, no es el amor lo que se termina… sino la paciencia. Entonces Él dijo ¡Lo siento! ¿Podemos aunque sea seguir siendo amigos? Olvidó que es como cuando quieres conservar un perro muerto. La amistad acaba a menudo en amor, pero el amor no termina nunca en amistad.