William Shakespeare decía que: “No existe nada bueno ni malo; es
el pensamiento humano el que lo hace parecer todo así”. Dios ya lo había dicho
desde la misma creación del mundo cuando el hombre, después de su “caída”,
adujo que se había escondido de la presencia divina porque se encontraba “desnudo”.
-¿Quién te dijo que estás desnudo?, dijo Dios “¿Acaso has comido del fruto del árbol del que
te dije que no comieras?”. “Lo que es bueno y lo que es malo, decía Nietzsche
no lo sabe aún nadie, como no sea el Creador”. Lo malo parece a veces resultar
más o menos bueno y lo bueno tiene en ocasiones apariencias de malo. Clint Eastwood
en su papel de “El Bueno” en la película El bueno, el malo y el feo (1966)
dijo: “El mundo se divide en dos, Tuco: Los que encañonan y los que cavan. Como
el revolver lo tengo yo, ya puedes ir agarrando la pala”. Entonces, ¿Quién es
malo o quien es bueno? Jesús mismo dijo que: “Nadie es bueno, sino solo uno:
Dios”. “Cuando veas a un hombre malo, decía Confucio, examínate a ti mismo”. Y
ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por
ser bueno. “En vez de lo bueno que quiero hacer, decía el apóstol San Pablo,
hago lo malo que no quiero hacer.” Solo se conoce la fuerza de un viento tratando de caminar
contra El ¡No dejándose llevar! Ahora, ¿Qué es bueno o que es malo? “¡Ay de los
llaman a lo malo bueno, decía el profeta Isaías, y a lo bueno malo!”. En
resumen, coincido con Johann Wolfgang Goethe cuando dijo que: “El mal está solo
en tu mente y no en lo externo. La mente pura siempre ve solamente lo bueno en
cada cosa, pero la mala se encarga de inventar el mal”.
