Dos hombres decidieron un día ir a pescar en el hielo. Ambos
hicieron hoyos en el hielo, pusieron carnadas en los anzuelos, soltaron las
cuerdas y esperaron. Después de tres horas, no habían sacado nada. Luego vieron
llegar a un niño que hizo un hoyo entre ellos dos. Puso una carnada en su
anzuelo, dejó caer la cuerda en el agua y en unos instantes sacó un pez.
Repitió el proceso y en poco tiempo ya había sacado más de una docena de peces.
Los pescadores se asombraron y uno de ellos se le acercó y le dijo: «Jovencito,
hemos estado aquí por más de tres horas y no hemos pescado nada. Y tú, en solo
unos minutos, has pescado al menos una docena. ¿Cuál es tu secreto?» El
muchacho masculló una respuesta, pero el hombre no le entendió. Vio entonces
que la mejilla izquierda del niño tenía un abultamiento. «Por favor» le pidió,
«¿podrías sacarte el chicle de la boca, para que pueda entender lo que dices?»
El niño hizo una taza con sus manos, escupió lo que tenía en la boca y le dijo:
«No es chicle; es mi secreto. Uno tiene que mantener la carnada caliente».
