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jueves, 15 de junio de 2017

El Padre (II Parte)


Y en lugar de una caricia o hablarle como a un amigo, lo miraba compungido, presintiendo una paliza, y el pobre, que me entendía, sacudiendo la cabeza escuchaba con tristeza lo que mi madre decía. Y que él, y que él de sobra sabía "¡que con este no se puede,  que me pinta las paredes, que trajo las suelas rotas, que la calle, la pelota, que me saca canas verdes!" A la cama sin cenar, aburrido me ordenaba, mi madre me consolaba y yo, y yo lo culpaba a él, a él que había llegado recién de trabajar cansado y ya lo había yo amargado con todas mis travesuras. Los hijos nunca analizan el sentimiento del padre, porque el brillo de la madre es tan fuerte, que lo eclipsa solo le hacemos justicia cuando nos toca vivir a nosotros su problema, ¡ay...  si mi padre viviera! que recién lo comprendí y por que núnca me dijo lo mucho que me quería. Si hoy yo se cuánto sufría al ver enfermo a su hijo  porque me miraba fijo el primer pantalón largo y se, y sé que hasta me habrá besado cuando yo estaba dormido hoy que todo lo comprendo, ¿por qué no estás a mi lado? ¿Por qué no estás ahora para besarte bien fuerte viejo lindo? y ofrecerte mi cariño a todas horas. Ves a tu hijo que llora, pero llora con razón,  porque te pide perdón pensando en aquellos días en que ciego no veía que eras puro corazón, déjame negra que llore, es tan lindo desahogarse. En fin, veamos que hacen nuestros futuros señores mira esos pantalones, tápale un poco a la nena si, si, ya sé, no me lo digas, hoy se fue a la calle sola acuéstate rezongona, mañana, mañana será otro día.