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jueves, 15 de junio de 2017

Quèdate aqui


Quédate aquí, –dijo la mujer, aparentando dulzura, aquí vas a estar muy bien. Verás correr a los perritos y te vas a divertir mucho. A continuación puso una bolsa con pañales a su lado y una nota escrita que decía: «Me llamo John King y padezco de Alzheimer», y desapareció, abandonando a su anciano padre de ochenta y dos años, en una pista de carreras de perros. Para librarse de la carga que significa esa enfermedad, la hija lo llevó a una pista de carreras de perros y lo abandonó en su silla de ruedas. El juez la condenó a seis años de prisión. Se sabe que la enfermedad de Alzheimer es dolorosa. Deja a la persona totalmente inhabilitada y no puede valerse por sí misma. Es un caso patético del ser humano que ha perdido lo mejor de sí. No obstante, hay una ley universal que descansa sobre el ser humano: «Obedezcan y cuiden a su padre y a su madre para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios.» Éxodo 20:12. Este es el quinto mandamiento del decálogo de Moisés. Abandonar a los padres ancianos por cualquier causa que sea y especialmente si es sólo por quitarnos de encima el estorbo que ellos representan, es el colmo de la ingratitud y el desprecio. «Honra a tus padres. Algún día serás tú el que recibas esa honra».