Decía Alan Moore que: “Todo lo bueno en la vida nace de un salto
al vacío”. Porque el que no está dispuesto a arriesgarlo todo, no está
preparado para ganar nada. Solo aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos
pueden descubrir donde se puede llegar. Siempre hay que arriesgarse a hacer
cosas nuevas. Si aciertas, es una recompensa. Si te equivocas, es una lección. Quien no se arriesga piensa en lo que puede
perder pero nunca en lo que puede ganar. Reír es arriesgarnos a parecer tontos.
Llorar es arriesgarnos a parecer sentimentales. Presentar nuestras ideas es
arriesgarnos a ser traicionados. Amar es arriesgarnos a no ser amados. Tener
esperanza es arriesgarnos al fracaso. Pero debemos arriesgar, porque el mayor
peligro en la vida es no arriesgar nada. ¡Arriésgate! No te quedes con las
ganas de saber que pasaría. Lánzate, vive, atrévete que si de los éxitos se
disfruta de los errores se aprende. Decía Ji Rohn que: “Si no estás dispuesto a
arriesgar lo usual tendrás que conformarte con lo ordinario”. La persona que no
arriesga nada, no hace nada, no tiene nada, no es nada y no llega a ser nada.
Puede evitar el sufrimiento y el dolor, pero simplemente no puede aprender, ni
sentir, ni cambiar, ni crecer, ni amar, ni vivir… A veces no hay próxima vez,
no hay segundas oportunidades ¡A veces es ahora o nunca!
