Cuando el
presidente Ronald Reagan sufrió un intento de asesinato en 1981, el
vicepresidente George H.W. Bush tuvo que tomar el liderazgo de la nación, pero
se aseguró de que nadie pensara que él estaba tratando de desafiar o usurpar la
posición de presidente. Por ejemplo, cuando Bush fue a la Casa Blanca, el
rehusó aterrizar en la parte sur, ya que solo los presidentes aterrizan allí. Y
cuando Bush presidía una reunión del gabinete, se sentaba en la silla de
siempre y no en la del presidente. Reagan se recuperó, volvió a sus actividades
y fue reelegido presidente en 1984. Bush estaba contento de mantenerse atrás,
sirviendo a su líder y a su país, hasta que el momento correcto llegara y el
pueblo estadounidense lo eligiera presidente, tal y como sucedió en 1989.
