A un joven
soldado que estaba aprendiendo a lanzarse en paracaídas. Le dieron las
siguientes instrucciones: (1) Salte cuando se le diga; (2) Cuente hasta diez y
tire de la cuerda; (3) En el muy improbable caso que no se abra, tire de la
cuerda del segundo paracaídas; (4) Cuando llegue a tierra, un camión le llevará
de regreso a la base. El avión se elevó hasta la altura adecuada y los hombres
comenzaron a saltar; el soldado saltó cuando le llegó su turno. Contó hasta
diez, tiró la cuerda, pero el paracaídas no se abrió. Procedió a efectuar las
instrucciones secundarias y tiró de la cuerda del segundo paracaídas. Este
tampoco se abrió. «Y supongo», se quejó para sí mismo, «que el camión tampoco estará allí cuando llegue a
tierra».
