Casi al terminar
el día, el nuevo gerente de una fábrica de acero recorría la planta en el justo
momento en que el personal de la noche estaba por entrar. Se volvió a uno de
los trabajadores del turno de día que
estaba junto a uno de los hornos y le pidió un pedazo de carbón. «¿Cuánto acero
han podido fundir hoy?» preguntó el gerente. «6 toneladas», respondió el
empleado. Con el pedazo de carbón, el gerente,
escribió un gran «6» en el piso y luego se fue. Cuando entró el tumo de
la noche y vieron ese gran «6» preguntaron al respecto. «El gran jefe anduvo
por aquí hoy», dijo uno de los hombres del tumo de día. «Nos preguntó cuánto
habíamos hecho y le dijimos que seis toneladas. Él lo escribió en el suelo». A
la mañana siguiente, el gerente pasó por la planta y vio que el «6» había sido
borrado y por encima habían puesto un «7». El personal nocturno se había
anunciado. Esa noche regresó el gerente y para su sorpresa, el «7» había sido
borrado y ahora estaba un «10» en su lugar. El personal diurno se consideraba
superior. La acción del líder había propiciado una competencia sana en una fábrica,
que tenía fama de ser la más improductiva del sector, la cual poco después llego
a convertirse en la mejor de toda la ciudad.
