Si restamos todo el tiempo desperdiciado de nuestras vidas
podremos ver que sólo vivimos pocos años, muchos menos de los que tenemos según
el calendario. ¿Cuánto tiempo nos perdimos por tener miedo, sufriendo dolores
inútiles o sumergidos en locas alegrías, cuándo nos atrevimos a ser libres de
espíritu y dónde están los frutos recogidos? Si hemos perdido el tiempo en
todas estas cosas, entonces es verdad que la vida es breve. Séneca se pregunta
¿por qué la gente pierde su tiempo en cosas banales que no le aportan nada y
que la hacen sentir vacía? Él cree que es porque no se detienen a pensar que
cuentan con un tiempo limitado que siempre es menor de lo que creen. Séneca
estaba convencido que si la vida durara mil años igual se vería reducida a su
expresión más breve, porque sólo la razón la prolonga y el hombre desde que
existe ha tenido vicios. Cuanto más disipado esté el espíritu en banalidades,
menos capacidad tendrá el hombre para hacer cosas grandes, porque vivir es el
arte más difícil. La vida de los ocupados en mil cosas es la más corta,
entonces se quitan la edad, fingen ser más jóvenes, quieren vivir muchos años,
porque en realidad no han sabido vivir y le temen a la muerte, que para ellos
no representa una salida después del suficiente curso de la existencia, sino
una expulsión antes de estar preparado. El sabio, en cambio, no tendrá ninguna
duda en entregarse a la muerte decidido.
