“Jesús dijo: —El reino de Dios es como un hombre que un día sembró
buena semilla en su campo. Pero por la noche, cuando todos estaban durmiendo,
vino su enemigo y sembró mala hierba entre el trigo, y luego se fue. Cuando el
trigo creció y dio sus granos, también creció la mala hierba. Entonces los
siervos del dueño de la cosecha se acercaron a él y le dijeron: “Señor, usted
plantó semillas buenas, ¿no es cierto? Entonces, ¿por qué hay hierbas malas?” Él
les dijo: “Eso lo hizo un enemigo mío”. Los siervos preguntaron: “¿Quiere que
salgamos y quitemos la mala hierba?” El dueño dijo: “No, porque cuando estén
arrancando la mala hierba también pueden arrancar el trigo. Dejen que ambos
crezcan juntos hasta el día de la cosecha. Cuando llegue ese día, les ordenaré
a los que recogen la cosecha que primero recojan la mala hierba y hagan un
bulto para quemarlo y que después pongan el trigo en mi granero. Igual sucede
con los pescadores que echan la red al mar, en ella recogen toda clase de peces
y cuando la red ya está llena, la sacan a la orilla y se sientan a separar el
pescado bueno del malo. Guardan el pescado bueno en una canasta, y tiran el
pescado malo”. Hay un poder hostil en el mundo, buscando destruir lo bueno y ambas
influencias actúan en nuestras vidas por lo que debemos estar en guardia. Una persona puede parecer buena y ser de
hecho mala; y otra, parecer mala, y sin embargo ser buena por lo que no podemos
precipitarnos en nuestros juicios. El único que tiene derecho a juzgar es Dios
quien es el que retribuirá a cada uno, no por una sola acción o etapa de su
vida, sino por toda su vida.
