martes, 25 de abril de 2017

La Viuda


Francisco invitó a su amigo Carlos a esquiar a las montañas nevadas pero en pocos minutos el tiempo se puso mal y fue imposible continuar el viaje. De pronto, vieron a lo lejos las luces de una casa y se enfilaron hacia ella para pedir refugio. Cuando llamaron a la puerta salió a recibirlos una mujer de esbelta figura. Los hombres tímidamente le pidieron ayuda para poder refugiarse de la tormenta, pero la mujer les dijo: -Lo siento mucho, hace pocas semanas falleció mi esposo y vivo sola, si los dejo entrar a mi casa será malinterpretado por la gente. -No se preocupe señora, dijo Francisco, quizás podría dejar que nos refugiemos en la caballeriza y nos iremos a primera hora de la mañana. La señora aceptó y los hombres se acomodaron para pasar la noche. Por la mañana, vieron la casa cerrada y en silencio por lo que continuaron su viaje. Meses después, Francisco recibió una carta de los abogados de la viuda y se fue a buscar a Carlos: -quiero saber algo, le dijo: ¿Te acuerdas de aquella viuda hermosa que nos permitió refugiarnos en la tormenta? –Sí, respondió Carlos. -Dime, aquella noche, mientras dormíamos ¿tú fuiste a la casa a verla? Un poco nervioso Carlos confesó: -Sí. -¿Por casualidad le diste mi nombre y mi dirección, haciéndote pasar por mí? preguntó Francisco. Carlos enrojeció. -Sí, lo siento amigo. Ella me preguntó y yo no sabía que decirle, entonces encontré la tarjeta que tú me habías dado y se la di. Francisco, entiéndeme. Tú eres soltero y pensé que si la situación se complicaba, tú podrías salir airoso del problema. Pero ¿Por qué me preguntas todo eso? ¿Pasó algo? -Sí, ello murió el mes pasado y me ha dejado toda su fortuna. Gracias por darle mi tarjeta…