Ella no es mía, tampoco soy suyo, lo nuestro fue temporal, un
cuento breve que leeré mil veces, un préstamo voluntario de momentos
inolvidables. No éramos nada, pero siempre volvíamos a intentarnos, a
reconstruirnos, sabiendo que lo nuestro era una cita de dos ciegos que se
niegan a ver su realidad. Ella no será para mí pero si será mía aunque no lo
sepa… Yo sabía que no me quería, pero aun sabiéndolo, no dejaba de emocionarme
cada vez que me miraba. El problema no es de ella, ni tampoco mío, el problema
es nuestro pero ya no tiene solución. Ella es eso que no es mío, pero que no
quiero que sea de nadie más. Ella no es mía pero yo soy suyo sin anillo ni título.
Suyo porque quiero y porque la quiero. Adoro todo lo que no es mío, ella por
ejemplo… me gusta cómo me gusta todo lo que no es mío. Estoy roto, ella está
bien. Ella es suya, ella no es mía. Los sentimientos se desvanecen y los
corazones se rompen. Todo por culpa de un error… creer que era mía y darme
cuenta que ella no era mía. Mi pasado es mío, mi presente era ella, el futuro
ya no es nuestro. Impotencia es lo que siento cuando veo que su corazón se
aleja del mío y no puedo decirle cuanto el amo. Porque el amor es libertad, no
puedo hacer de un te amo una cadena. Los eslabones no siempre se unen, algunas
veces se rompen, se quiebran. No importa, si ella es o no es mía, acá lo real y
absoluto es que yo soy inapelablemente suyo.
