¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte? ¿Se muere el
amor? ¿O se enamora la muerte? Tal vez la muerte moriría enamorada y el amor amaría
hasta la muerte. Cuando se quiere con toda el alma, se quiere y se querrá hasta
después de la muerte, porque el alma no muere… Mariano Melgar decía que: “Si
hay tras de la muerte amor, después de muerto he de amarte. Y aunque esté en
polvo disuelto, polvo seré, polvo amante”. ¿Sabías que cuando besas tu corazón deja
de latir unos instantes? Es lo más cercano que estás de la muerte, pero también
del amor. ¡En ese instante crees morir de amor! Es paradójico, como en una sola
frase tan profundamente romántica, el instinto de muerte sea tan intenso. ¡Quizás
nadie muera por amor! Pero nunca dicen que la agonía de un corazón roto es el
dolor más parecido a la misma muerte. “El amor y la muerte se parecen, dice
Silvina Ocampo, cuando estamos perdidos acudimos ellos”. Nadie sabe quién los invitó
o como llegaron, pero hacen el mismo trabajo. Uno se lleva el corazón y el otro
sus latidos… La muerte deja un dolor de corazón que nadie puede sanar, el amor
deja una memoria que nadie puede robar. El amor y la muerte están enamorados,
pues el amor te da hermosos regalos que la muerte conserva para siempre. “Si
nada nos salva de la muerte, decía Pablo Neruda, al menos que el amor nos salve
de la vida”.