Oye negra, ¿te puedo hablar? ya los chicos se han dormido así que,
así que deja el tejido, que después te equivocas. Hoy te quiero preguntar, por qué motivo las
madres amenazan a sus hijos con ese estribillo fijo de "¡ah cuando venga
tu padre!" y con tu padre de aquí, y con tu padre de allá, resulta de que
al final, al verme llegar a mí, lo ven entrar a Caín y escapan por todos lados.
Y yo que vengo cansado de trabajar todo el día, recibo de bienvenida una lista
de acusados, tú empiezas con tus quejas y yo tengo que enojarme, igual que
hacía mi padre al escuchar a mi vieja. Entraba a fruncir la ceja apoyando a ese
fiscal que en medio del temporal se erigía en defensora, lo mismo que tú ahora
que siempre me dejas mal, si los perdono, "que ejemplo ¿es así como los
educas?" si los castigo "eres bruto, no tienes sentimientos". A mí,
a mí que llegué contento y no tuve más remedio que poner cara de serio y
escuchar tu letanía, a mí, a mí que me paso el día pensando en jugar con ellos yo
sueño en llegar a casa y olvidarme felizmente del trabajo, de la gente y de
todo lo que pasa. Los hijos son la esperanza y el porqué de nuestras vidas, por
eso nunca les digas "¡ah! cuando venga tu padre", no quiero encontrar
culpables, quiero encontrar alegría, que no me pongas de escudo como lo hacía
mi madre, que consiguió que a mi padre lo imaginara un verdugo, él llegaba y te
aseguro que se acababan las risas.
