Ignacio de Antioquia dijo en una ocasión que: “Más vale callar y
ser, que hablar y no ser”. El truco esta en hablar menos y demostrar más. A
veces hablamos mucho y decimos poco. Para expresar más, conviene pensar más. “Si
tuviéramos que hablar más que escuchar, decía Twain, tendríamos dos bocas y
solamente una oreja”. La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más
fácil es hablar mal de los demás. No hablar mal de personas ausentes es un
deber de personas decentes. Si mientes para hablar mal de alguien… ese alguien tendrá
que mentir para hablar bien de ti. Habla de la vida de los demás cuando la tuya
sea un ejemplo. Y cuando creas que tu vida es un ejemplo, te darás cuenta que
no tendrás deseos de hablar de la vida de los demás. Hablar mal de los demás no
es más que una excusa para hablar bien de nosotros mismos. Salomón decía que:
“Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá
sabiduría”. Demasiadas personas piensan con su boca en vez de escuchar para
absorber nuevas ideas y posibilidades ¡Discuten, en lugar de preguntar! No te
creas todo lo que te dices. Cuestiona tus pensamientos. Muchos otros son
reacios a hablar de su vida privada, pero luego vas a la Internet y son mucho más
abiertos. Hablar es fácil, pero callar requiere prudencia y dominio. Si las
personas conocieran el peso de las palabras, le darían más valor a su silencio.
