En una cena de
gala, el presidente Teodoro Roosevelt se
cansó de saludar a personas que respondían a sus comentarios con dichos
ceremoniosos sin sentido. Así que comenzó a saludar a las personas diciéndoles
con una sonrisa: «Esta mañana asesiné a mi abuela». La mayoría de las personas,
tan nerviosas por encontrarse con él, ni siquiera oían lo que decía. Pero un
diplomático lo oyó. No bien escuchó el comentario del presidente, se inclinó y
le susurró: «Estoy seguro que recibió su merecido». ¡Por naturaleza no somos
buenos para escuchar! Tenemos la tendencia a cambiar de tema e interrumpir para
hablar de nosotros. Usted se conecta con la gente cuando está totalmente
comprometido a escucharlos con
dedicación exclusiva! Por tanto, destape sus oídos y elimine las distracciones,
la actitud defensiva y la mente cerrada, además las proyecciones y las
suposiciones. Apague el celular, siéntese y acérquese, haga contacto visual y
exprese verbalmente, a la persona, que tiene su atención. Decía el psiquiatra
David Burns que: “Cuando la gente se da cuenta que se le comprende, se sienten
más motivados para entender el punto de vista suyo.”
