Para que una relación funcione, ya sea amor, amistad, familia o
laboral; el respeto debe ser lo primero a tener en cuenta. El respeto comienza
por uno mismo… cuanto mayor es nuestro nivel de autoestima, mejor tratamos a
los demás. Pitágoras decía: “Ante todo, respetaos a vosotros mismos”. El
respeto que le das a los demás, es el reflejo del respeto que te das a ti
mismo. ¡Debes tratar a los demás como te gustaría que te traten! El respeto no
es sinónimo de miedo ¡Son dos cosas muy diferentes! Cuando el que manda pierde
la vergüenza, el que obedece pierde el respeto. Se tiene el derecho de ser como
se le dé la gana, pero no por ello se puede pisotear a quien se encuentre a su paso. Siempre será más
valioso tener el respeto que la admiración de las personas. Todo el mundo
merece respeto, incluso aquellos que no te caen bien y cuyas opiniones no
coinciden con las tuyas. Respeta a quien piense diferente, el respeto
contribuye al dialogo. Recuerda que las diferencias nos enriquecen y el respeto
nos une. Y nunca le digas a alguien que está equivocado o que tú tienes la
razón, porque ¡nadie tiene la razón! Lo que tienes es un punto de vista tan valedero
como el de la otra persona. “Comprensión y respeto es la base de convivencia
con los demás y sobre todo, decía Quino, no creer que uno es mejor que nadie”.
Puedes querer, apoyar y hasta ayudar, pero sobre todo… debes respetar. Pero no
habrá respeto por los demás sin humildad en uno mismo. “Teniendo respeto y
reverencia por la vida, decía Schweitzer, entramos en una relación espiritual
con el mundo”.
