Se vale si yo digo: LO SIENTO, NO FUE MI INTENCION, ¿todos deben
de creerme? Pero si es el otro el que dice: LO SIENTO, NO FUE MI INTENCION, ¿no
debemos creerle? ¿Dónde queda aquel principio bíblico que dice: “Traten a los
demás como ustedes quieran ser tratados?”
El filósofo Bennet lo reseño bien: “Ya que nuestra tendencia es vernos a
nosotros mismos a la luz de nuestras intenciones, las cuales son invisibles a
los demás y vemos a los demás a la luz de sus acciones, las cuales son visibles
a nosotros, entonces tenemos una situación en la cual el malentendido y la
injusticia están a la orden del día.” ¿Acaso se nos ha olvidado la primera
regla de los huecos? “Cuando te encuentres en uno, deja de cavar.” Entonces, si
todos somos propensos a fallar ¿Que hacemos ante la equivocación humana?
Augsburger dice que: “Sabiendo que nada
de lo que hacemos tiene el sello de la perfección y nada de lo que logramos
deja de tener la marca de una humanidad limitada y falible, lo único que nos
salva es el perdón.” El problema, según Lewis es que “Todos hablan muy bien del
perdón hasta que les llega el momento en que tienen a alguien a quien perdonar”.
Moraleja: O perdonas o te juzgas primero…
