En 1912 se
requería imprimir tres millones de copias del discurso de la convención de
Theodore Roosevelt y se descubrió que no se había obtenido el permiso para usar
las fotos de Roosevelt y de su compañero de papeleta que habían sido tomadas
por un estudio fotográfico privado. La ley de derechos reservados penalizaba
con $1 dólar por copia. El jefe del comité de campaña, un pensador rápido, envió
un telegrama al estudio que había tomado las fotografías: «Estamos planeando
publicar tres millones de copias del discurso de Roosevelt con fotografías de
Roosevelt y Johnson en la portada lo cual es una gran oportunidad de publicidad
para sus fotógrafos. ¿Cuánto nos pagaría por utilizar sus fotos?» La respuesta
llegó de inmediato: «Apreciamos la oportunidad, pero sólo podemos pagar $250». ¡Trato
hecho!
