viernes, 4 de agosto de 2017

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Por un dolar


Hace años un predicador se mudó para Houston, Texas. Poco después, se subió al autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse, descubrió que el chofer le había dado un dólar de más en el cambio. Mientras consideraba que hacer, pensó para sí mismo, “Ah, olvídalo, es solo un dólar ¿Quién se va a preocupar por tan poca cantidad?, de todas formas la compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos ¡Acéptalo como un regalo de Dios!” Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió darle el dólar al conductor diciéndole, “Tome, usted me dio este dólar de más.” El conductor, con una sonrisa le respondió, “Sé que eres el nuevo predicador del pueblo. He pensado regresar a la iglesia y quería ver que usted haría si yo le daba demasiado cambio”. Se bajó el predicador sacudido por dentro y dijo: “Oh Dios, por poco vendo a Tu Hijo por un dólar.” Nuestras vidas serán la única Biblia que algunos leerán, así que: “Sé un ejemplo para los demás cristianos. Que cuando todos oigan tu modo de hablar, y vean cómo vives, traten de ser puros como tú. Que todos imiten tu carácter amoroso y tu confianza en Dios” (1 Timoteo 4: 12).


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Iba al aeropuerto, cuando se acercó un taxi limpio y brillante. El chofer iba bien vestido con camisa blanca, corbata y pantalones bien planchados. El taxista salió y me abrió la puerta y me dijo: “Yo soy Willy, su chofer. Mientras guardo su maleta me gustaría que lea en este cartón cual es mi Misión. Leí la tarjeta: Misión de Willy, llevar a mis clientes a su destino final de la manera rápida, segura y económica brindándole un ambiente amigableQuedé impactado. El interior del taxi estaba igual de limpio. Willy me dijo, “¿Le gustaría un café? Tengo unos termos con café.” Bromeando le dije: “No, prefiero un refresco” “No hay problema tengo un hielera con refresco regular y dietética, agua y jugo”. También me dijo “Si desea algo para leer, tengo el periódico de hoy y revistas. Al comenzar el viaje, Willy me preguntó: “¿Le gustaría seleccionar una emisora de radio? ¿La temperatura del aire está bien? Luego me avisó cual sería la mejor ruta a su destino. Le pregunte: “¿Siempre has atendido a tus clientes así?” “Solamente los dos últimos años porque mis primeros años los gasté la mayor parte del tiempo quejándome igual que el resto de los taxistas, hasta que un día leí un libro que decía: “No seas un pato. Sé un águila. Los patos solo hacen ruido y se quejan, las águilas se elevan por encima del grupo”. “Yo estaba todo el tiempo haciendo ruido y quejándome, entonces decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Decidí hacer unos cambios y cuando mis clientes respondieron bien, hice más cambios. ¡Mis ingresos se cuadruplicaron!”. Willy era fenomenal hacia el servicio de una limusina en un taxi normal. Y tu… ¿Haces ruido o marcas la diferencia? “Los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas y volaran como las águilas…” (Isaías 40: 31).


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Los zapatos viejos


Un estudiante universitario y su profesor salieron a dar un paseo, los alumnos además de un buen maestro, lo consideraban un buen amigo. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que estaba trabajando en un campo cercano. El alumno le dijo al profesor: ¿Por qué no escondemos los zapatos y nos ocultamos detrás de esos arbustos para ver cómo reacciona el hombre cuando no los encuentre? -Mi querido amigo, respondió el profesor, nunca tenemos que divertirnos a expensas de las personas humildes. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre, coloca una moneda de plata en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre. Eso hizo y ambos se ocultaron. El hombre, terminó sus tareas y vino en busca de sus zapatos y su abrigo. Pero al deslizar el pie en el zapato, sintió que había algo dentro y se encontró la moneda. Asombrado, miró a su alrededor y la guardó en el bolsillo. Al ponerse el otro zapato, no podía creerlo, había otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantando su vista al cielo agradeció a Dios por esa mano desconocida, que le había dejado el dinero suficiente para comprar medicamentos para su esposa enferma y alimentos para sus hijos. El estudiante quedó profundamente impactado por lo que escuchaba del anciano y sus ojos se llenaron de lágrimas. El profesor dijo: ¿No estás más complacido que si le hubieras hecho una broma? El joven respondió: Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo lo profundo del significado de la palabra “DAR”.


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El pastel


Una joven le contó a su madre que todo le había salido mal. El examen de Matemáticas, fue terrible, su enamorado decidió terminar con ella y su mejor amiga, precisamente en este instante, no estaba en la ciudad. La madre abrazó a su hija, la llevó a la cocina y empezó a prepararle un sabroso pastel, consiguiendo arrancar una sonrisa del rostro de su hija. Preparó los utensilios e ingredientes que necesitaba, los colocó en la mesa y le preguntó a su hija: -Querida, ¿quieres un pedazo de pastel? -Claro mamá, sabes que me encanta el pastel... -Está bien, respondió la madre. Bebe un poco de ese aceite que está en la cocina. Asustada, la hija respondió: -¿Qué dices?  ¡Jamás bebería de ese aceite! -¿Qué tal si te comes un huevo crudo? -¡No mamá, respondió la hija! -¿Quieres comer un poco de harina de trigo o bicarbonato de sodio? -Pero mamá, ¿qué dices? ¡Eso me sentaría mal! La Madre le respondió: -Es cierto, todas esas cosas están crudas, sosas, pero cuando las colocamos juntas, en su justa medida, se transforman en un delicioso pastel. Dios trabaja de forma similar. La gente se pregunta: ¿Por qué Dios permite que pasemos por momentos difíciles? Y no saben que cuando Él permite que todas esas cosas actúen según Su orden perfecto, siempre obran para bien. No necesitas conformarte con ingredientes crudos. Déjalo todo en sus manos y sin darte cuenta se transformarán en algo fantástico. “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman…” Romanos 8: 28


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La factura


Un ingeniero recibe una llamada solicitando su servicio en una gran empresa que había sufrido de una catástrofe con una de sus mejores computadoras. El ingeniero llega al lugar, se sienta frente a la PC, trata de encenderla y comprueba que no funciona, entonces asiente con la cabeza y saca de su bolsillo derecho un destornillador pequeño y procede a dar una vuelta y media a un tornillo diminuto ubicado en la parte trasera de la PC. Luego se sienta nuevamente y presiona el botón de encendido, la PC encendió de inmediato. El Gerente de la empresa, se presentó ante el ingeniero, le dio las gracias y preguntó cuánto debía pagar, el ingeniero le respondió, si me hace el favor son $1.000 dólares,  el gerente sonriendo sarcásticamente respondió que era mucho dinero por unos pocos minutos de trabajo y que solo lo pagaría si le enviaba un informe detallado de los servicios prestados, el ingeniero acepto y se retiró de la empresa.  A la mañana siguiente, el gerente recibió la factura, la observó, asintió con la cabeza y ordenó a la secretaria que pagara de inmediato. La factura decía lo siguiente:
Detalle por servicios prestados:
Ajustar tornillo $1 dólar.
Saber que tornillo ajustar $999 dólares.
Total $1.000 dólares.