Había una vez un ciego sentado en un parque, con un tarro a sus
pies y un cartel en el que, escrito con tiza blanca, decía: "POR FAVOR
AYÚDEME, SOY CIEGO". Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se
detuvo y observó unas pocas monedas en el tarro. Sin pedirle permiso tomó el
cartel, le dio la vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio. Volvió a poner
el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue. Por la tarde el creativo
volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna. Ahora su tarro estaba lleno
de billetes y monedas. El ciego reconociendo sus pasos le preguntó si había
sido él quien re-escribió su cartel y sobre todo, qué era lo que había escrito
allí. El publicista le contestó: -"Nada que no sea tan cierto como tu
anuncio, pero con otras palabras". Sonrió y siguió su camino. El ciego
nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: "ESTAMOS EN PRIMAVERA, Y... YO
NO PUEDO VERLA".
domingo, 30 de abril de 2017
El miope
Un hombre que
tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de
arte. Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron los lentes en
su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de
ventilar sus fuertes opiniones. Tan pronto entraron a la galería, comenzó a
criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un
retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo:
"El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está
vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió
un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su
retrato. Es una falta de respeto". El hombre siguió su parloteo sin parar
hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó
discretamente para decirle en voz baja: "Querido, - estás mirando un
espejo!!!".
Liderazgo: Ayer, hoy y siempre
Los altos niveles de desempeño de una organización, se encuentran
estrechamente ligados con la adecuada dirección y liderazgo que maneja quien se
encuentra al frente de la misma. Se presume que el liderazgo adquiere mayor
importancia en situaciones de crisis, pero las dificultades no crean líderes;
solo muestran la clase líderes que tenemos. Seis de cada diez empleados creen que sus organizaciones no están
bien administradas y consideran que en la actualidad existe “crisis de
liderazgo”. Un mal jefe repercute en empleados insatisfechos, tanto en el
trabajo como en su vida personal; esto repercute en menos compromiso con la
organización y más conflictos en el trabajo y la familia, por lo que aparece la
frustración, estrés y renuncias masivas. El liderazgo es liderazgo, no importa
adonde vaya ni lo que haga. Los tiempos cambian. La tecnología avanza. Las
culturas varían de un lugar a otro. Pero los verdaderos principios del
liderazgo son constantes —aunque esté observando a los ciudadanos de la antigua
Grecia, los hebreos del Antiguo Testamento, los ejércitos de los últimos
doscientos años, los gobernantes de la Europa moderna, los obispos de las
iglesias locales, o la gente de negocios de la economía mundial de hoy. Los principios
del liderazgo pasan la prueba del tiempo. Son irrefutables. En esta época
crítica de liderazgo es importante volver a retomar estos principios,
universales y atemporales, los cuales son herramientas, listas para ser tomadas
y usadas a los efectos de alcanzar sueños y sumar valor a otras personas.
Quien rìe primero, no siempre rìe de ùltimo
El gran escritor
irlandés George Bernard Shaw, le envió a Sir Winston Churchill, primer ministro
del Reino Unido, dos boletos para la inauguración de su obra: Saint Joan, con
una nota que decía: "Uno para usted
y uno para un amigo, si consigue alguno". Churchill respondió que
lamentaba no poder asistir, pero le pidió a Bernard Shaw que le cambiara los
boletos para la siguiente presentación: "si
consigue otra".
Perdona y recibiràs perdòn
“Jesús dijo: —Un rey decidió poner al día las cuentas con los
siervos que le habían pedido prestado dinero. En el proceso, le trajeron a uno
de sus deudores que le debía millones de monedas de plata. No podía pagar, así
que su amo ordenó que lo vendieran —junto con su esposa, sus hijos y todo lo
que poseía— para pagar la deuda. El hombre cayó de rodillas ante su amo y le
suplicó: “Por favor, tenme paciencia y te lo pagaré todo”. Entonces el amo
sintió mucha lástima por él, y lo liberó y le perdonó la deuda. Pero cuando el
hombre salió de la presencia del rey, fue a buscar a un compañero, también
siervo, que le debía unos pocos miles de monedas de plata. Lo tomó del cuello y
le exigió que le pagara de inmediato. El compañero cayó de rodillas ante él y
le rogó que le diera un poco más de tiempo. “Ten paciencia conmigo, y yo te
pagaré”, le suplicó. Pero el acreedor no estaba dispuesto a esperar. Hizo
arrestar al hombre y lo puso en prisión hasta que pagara toda la deuda. Cuando
algunos de los otros siervos vieron eso, se disgustaron mucho. Fueron ante el
rey y le contaron todo lo que había sucedido. Entonces el rey llamó al hombre
al que había perdonado y le dijo: “¡Siervo malvado! Te perdoné esa tremenda
deuda porque me lo rogaste. ¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero
así como yo tuve compasión de ti?”. Entonces el rey, enojado, envió al hombre a
la prisión para que lo torturaran hasta que pagara toda la deuda.
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