La Biblia menciona varios casos de suicidios sin emitir juicio
sobre la moralidad de la acción. Esto no significa que el suicidio sea
moralmente correcto; el autor bíblico está simplemente narrando lo ocurrido. El
impacto moral del suicidio puede evaluarse mediante una comprensión bíblica de
la vida humana. La ley mosaica del Antiguo Testamento no se refiere
directamente al suicidio porque lo contempla dentro del homicidio: “No matarás” Éxodo 20:13. Lo anterior expresa claramente que ¡Suicidarse
es un pecado! Por lo que desde la perspectiva de la Escritura la vida humana se
concibe siempre como un don de Dios y sólo el Creador tiene autoridad sobre la
vida y la muerte de su criatura. Dios, el verdadero propietario concede la vida
en usufructo para que el ser humano la administre y rinda cuentas al final de
su buena o mala gestión. “Nosotros no somos tan independientes como para poder
vivir o morir para nosotros mismos. Al vivir o morir lo hacemos para el
Señor.” Romanos 14: 7 - 8
domingo, 26 de julio de 2020
El suicidio según la Biblia
¿Cuál dice la verdad?
Muchas religiones se arrojan la creencia de que su doctrina es la
verdadera y utilizan mucho de su tiempo, según Pablo (1 Corintios 1: 10), en
discutir que tienen la razón y lo único que producen es la separación de las
personas. Muchas otras complacen a sus seguidores según sus propios deseos (2
Timoteo 4: 3). El mismo apóstol expresa que estas religiones tradicionales son
insuficientes para acercar el hombre a Dios (Romanos 12: 1-2). La verdadera
religión (1) Adora unida y de una manera organizada (Efesios 4: 4-6). (2) Enseña
a la gente a respetar a todos, a emplear su tiempo y recursos en ayudar al
prójimo (Colosenses 3: 12–15). (3) No enseña filosofías ni rituales humanos ¡Enseña
las verdades de la Palabra de Dios! (Juan 17: 17). (4) Declara que el único acceso
a la vida eterna se obtiene reconociendo al único Dios y el sacrificio de
Cristo en la cruz y Su señorío (Juan 17: 3). (5) Es menospreciada, ridiculizada
y perseguida (Mateo 5: 10–12). (6) Es un estilo de vida en el que sus miembros
practican lo que predican (Romanos 2: 21) y (7) Se basa en una relación con
Jesucristo a través de la fe (Efesios 2: 8-9) ¡Las acciones de sus seguidores
los delatan!
¿Por qué existen tantas religiones?
Jesús dijo (Marcos 7:8): “De nada me sirve que me rindan culto
pues (1) inventan reglas y (2) luego las enseñan (3) diciendo que yo las ordené
cuando no son más que normas de hombres. Ustedes se han apartado de los
mandamientos de Dios para seguir tradiciones humanas.” El problema es que
muchas religiones no son más que simples prácticas de hombres y no bíblicas y
por tanto no ordenadas por Dios las cuales sustituyen Sus mandamientos. Muchas
religiones han sido creadas para perdición del hombre tal y como Jesús lo
explica: “Ciegos guías de ciegos (Mateo 15: 14) que no van a entrar al cielo ni
dejan que otros entren (Mateo 23: 13)”. Es una lástima, según Pablo (Romanos
10: 2 – 3), el esfuerzo y el celo de muchos de buscar a Dios, haciéndolo de una
manera equivocada por el desconocimiento y el no reconocimiento de la verdad
bíblica.
Misericordia y verdad
2 Samuel 12 nos ubica un año después de los acontecimientos de
adulterio y asesinato propiciados por el rey David y que lo tenían sumido en
una vida de hipocresía y mentira. Dios muestra su misericordia al rey a través
del mensaje enviado por medio de Natán con el cual confronta la vergonzosa
realidad de David. Al presentare ante el rey el profeta sabía que, aunque tenía
la razón, no tenía el derecho de ofenderle y que la verdad debe decirse con
sabiduría (V.1-4). David evidencia que es más fácil juzgar el pecado en otros
que en uno mismo, por lo que Natán proclama la verdad con valentía y apegado a
lo que Dios ha dicho y no a su propia opinión. Y deja en claro la existencia
del perdón pero que el pecado trae sus consecuencias. Que se puede elegir
obedecer o desobedecer a Dios, pero no se puede escoger las consecuencias de
tal decisión (V.5-12). Pero lo más importante es el impacto negativo -que
provoca en la “Honra del nombre de Dios”, el desprecio y la blasfemia por parte
de Sus enemigos cuando usted y yo pecamos (V.13-14) ¡Esto último es más
importante que nuestra propia vergüenza!
Juzgar con justo juicio
En Juan 7: 24 Jesús nos ordena juzgar y como debemos hacerlo. En
primer lugar, algo no está mal solo porque así lo parezca y antes de ser
afirmarlo debe existir un cien por ciento de seguridad en la realidad de las
cosas. Si vamos a tomar un curso de acción debemos hacerlo de la manera
“correcta” ¡He aquí la diferencia! En Juan 8: 3 – 11 Jesús utiliza el principio
del Justo Juicio en el trato a la mujer adúltera. Aquellos que la juzgaban
desconocían la totalidad de los hechos y esto queda demostrado por la
parcialidad como manejaron el suceso. Además, al irse, los acusadores demostraron
que sus vidas no eran mejores que la de la mujer infiel a la que querían
apedrear. Al final de la historia ni los
maestros de la ley ni el mismo Jesús, que podía hacerlo, condenan a la mujer. ¡Pero
tampoco Jesús se hace cómplice de su pecado! Al contrario, Él utiliza el
principio del Justo Juicio al decirle: “Puedes irte, pero no vuelvas a pecar”.
Cuando juzgas justamente a otro, estás más interesado en su restauración
(Gálatas 6: 1) y en cumplir tu responsabilidad de arrancarle un alma al
infierno (Santiago 5: 19 – 20).
¿Podemos juzgar a otros?
En Mateo 7: 1 – 5 algunos interpretan a un Jesús permisivo que
enseña, según ellos que: "Todo se vale” o “que cada uno es cada uno” en
cuanto a cómo conduce su propia vida. Otros asumen una postura crítica
inclinada a descubrir y condenar las faltas de otros de una forma negativa y
destructiva. ¡Ni uno ni otro extremo! El mandato
“No juzguéis” no es una prescripción a ser ciegos, sino más bien una
exhortación a ser bondadosos, benévolos o nobles. En todas nuestras actitudes y
conducta hacia otros no debemos actuar ni como jueces (siendo Dios el único
Juez) volviéndonos severos, censuradores y condenatorios, ni como hipócritas
(culpando a otros mientras nos excusamos nosotros), sino como hermanos,
cuidando de otros a tal punto que primero nos culpamos y corregimos nosotros y
luego buscamos ser constructivos en la ayuda que les damos a ellos.
¿Buscas a Dios?
Vivimos tiempos de mucha apatía espiritual y es increíble el
trabajo que el Diablo hace en las personas para que no busquen a Dios. El
corazón de las personas se endurece más y más, hasta perder toda sensibilidad en
la necesidad de buscar al Padre. Has escuchado la frase: ¿Oren por mí porque
Dios a usted si lo escucha? Hay gente que trata al Señor como a una ambulancia
o a un bombero ¡Solo lo buscan cuando hay emergencias! Sin embargo, Isaías 55:
6 – 7 expresa que podemos buscar y llamar a Dios, siempre y cuando dejemos el
mal camino y volvamos a Él apelando su misericordia. Si de verdad deseas buscar
a Dios es necesario en primer lugar una sincera disposición de ánimo (1 Crónicas
22: 19). En segundo lugar, un corazón humilde ya que el orgulloso, agrandado y
altanero, el que cree que se las sabe todas es aborrecido por Dios (Salmo 138:
6) y, por último, debes aceptar incondicionalmente la forma en que Dios anhela
que lo busques. Y tu… ¿Cuál es tu verdadera intención al buscar al Padre?
Predestinados para...
Dice Romanos 8: 29 que, desde el mismo principio, Dios ya sabía a
quienes iba a elegir. A esos predestinó, llamó, les reestableció su amistad y
los hizo partícipes de su gloria. ¿Por qué Dios escogería a unos y a otros no?
Romanos 3: 23 expresa que Dios no es injusto con aquel que no elige porque ese
recibirá lo que merece. 2 Timoteo 1: 9 dice que es el amor de Dios sobre
cualquier calificación humana la que determina la soberana elección del
Altísimo y que ese amor es extensivo a la humanidad entera (Juan 3: 16).
Entonces, si el hombre ha sido predestinado desde el principio… ¿Para qué le
predicamos? La aparición de Dios a Pablo en Hechos 18: 9 – 10 y la convicción
del apóstol de llevar el mensaje a otros (2 Timoteo 2: 10) deja claro que la
predestinación no es un pase especial para entrar al cielo. Todo ser humano
puede decidir, por sí mismo, hacer, si quiere o no, lo que la ley divina le
permite o no le permite llevar a cabo. Por lo tanto, debemos cambiar el enfoque
de la predestinación y entender que ¡No es un pase especial! Sino más bien un
“llamado” (1 Pedro 2: 9) para anunciar las poderosas obras de aquel que nos
sacó de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa. Tu prójimo está
muriendo… 150 mil personas descienden al infierno cada día y es un crimen que
retengas la información que puede salvarles la vida.
Ministerios incompletos
Apolos (Hechos 18: 24 – 25) era un orador elocuente, buen
conocedor de las Escrituras, con un espíritu entusiasta y muy preciso en su
enseñanza. Sin embargo, su ministerio estaba incompleto ya que lo único que
sabía acerca de Jesús era solamente lo que Juan el Bautista había anunciado. El
problema es que ese “Jesús” de quien hablaba Juan el Bautista ¡Había venido 28
años antes! y a estas alturas, Apolos tenía un total desconocimiento de la
verdadera magnitud de la muerte y resurrección de Jesús. Ahora ¿Quién le enseñó
a Apolos? ¿A quiénes y desde cuándo, Apolos, venía enseñando verdades
incompletas? La Biblia dice que el desconocimiento del que enseña y de quienes
somos enseñados produce destrucción (Oseas 4: 6) y no reconoce el engaño (Mateo
24: 23 – 25). La mentira se aprovecha del desconocimiento (Jeremías 14: 14 –
16) y este a su vez propicia la complacencia de los malos deseos (2 Timoteo 4:
3). Si crees de todo corazón que necesitas hacer mejoras en tu ministerio, lo
primero que debes hacer es “dejarte ayudar” (Hechos 18: 26) y seguir el ejemplo
del Profeta Esdras (7: 6), el cual (1) estudiaba constantemente la Palabra, (2)
la obedecía y (3) la enseñaba a los judíos.









