domingo, 26 de julio de 2020

El suicidio según la Biblia



La Biblia menciona varios casos de suicidios sin emitir juicio sobre la moralidad de la acción. Esto no significa que el suicidio sea moralmente correcto; el autor bíblico está simplemente narrando lo ocurrido. El impacto moral del suicidio puede evaluarse mediante una comprensión bíblica de la vida humana. La ley mosaica del Antiguo Testamento no se refiere directamente al suicidio porque lo contempla dentro del homicidio: “No matarás” Éxodo 20:13. Lo anterior expresa claramente que ¡Suicidarse es un pecado! Por lo que desde la perspectiva de la Escritura la vida humana se concibe siempre como un don de Dios y sólo el Creador tiene autoridad sobre la vida y la muerte de su criatura. Dios, el verdadero propietario concede la vida en usufructo para que el ser humano la administre y rinda cuentas al final de su buena o mala gestión. “Nosotros no somos tan independientes como para poder vivir o morir para nosotros mismos. Al vivir o morir lo hacemos para el Señor.”    Romanos 14: 7 - 8


¿Cuál dice la verdad?



Muchas religiones se arrojan la creencia de que su doctrina es la verdadera y utilizan mucho de su tiempo, según Pablo (1 Corintios 1: 10), en discutir que tienen la razón y lo único que producen es la separación de las personas. Muchas otras complacen a sus seguidores según sus propios deseos (2 Timoteo 4: 3). El mismo apóstol expresa que estas religiones tradicionales son insuficientes para acercar el hombre a Dios (Romanos 12: 1-2). La verdadera religión (1) Adora unida y de una manera organizada (Efesios 4: 4-6). (2) Enseña a la gente a respetar a todos, a emplear su tiempo y recursos en ayudar al prójimo (Colosenses 3: 12–15). (3) No enseña filosofías ni rituales humanos ¡Enseña las verdades de la Palabra de Dios! (Juan 17: 17). (4) Declara que el único acceso a la vida eterna se obtiene reconociendo al único Dios y el sacrificio de Cristo en la cruz y Su señorío (Juan 17: 3). (5) Es menospreciada, ridiculizada y perseguida (Mateo 5: 10–12). (6) Es un estilo de vida en el que sus miembros practican lo que predican (Romanos 2: 21) y (7) Se basa en una relación con Jesucristo a través de la fe (Efesios 2: 8-9) ¡Las acciones de sus seguidores los delatan!


¿Por qué existen tantas religiones?



Jesús dijo (Marcos 7:8): “De nada me sirve que me rindan culto pues (1) inventan reglas y (2) luego las enseñan (3) diciendo que yo las ordené cuando no son más que normas de hombres. Ustedes se han apartado de los mandamientos de Dios para seguir tradiciones humanas.” El problema es que muchas religiones no son más que simples prácticas de hombres y no bíblicas y por tanto no ordenadas por Dios las cuales sustituyen Sus mandamientos. Muchas religiones han sido creadas para perdición del hombre tal y como Jesús lo explica: “Ciegos guías de ciegos (Mateo 15: 14) que no van a entrar al cielo ni dejan que otros entren (Mateo 23: 13)”. Es una lástima, según Pablo (Romanos 10: 2 – 3), el esfuerzo y el celo de muchos de buscar a Dios, haciéndolo de una manera equivocada por el desconocimiento y el no reconocimiento de la verdad bíblica.


Misericordia y verdad



2 Samuel 12 nos ubica un año después de los acontecimientos de adulterio y asesinato propiciados por el rey David y que lo tenían sumido en una vida de hipocresía y mentira. Dios muestra su misericordia al rey a través del mensaje enviado por medio de Natán con el cual confronta la vergonzosa realidad de David. Al presentare ante el rey el profeta sabía que, aunque tenía la razón, no tenía el derecho de ofenderle y que la verdad debe decirse con sabiduría (V.1-4). David evidencia que es más fácil juzgar el pecado en otros que en uno mismo, por lo que Natán proclama la verdad con valentía y apegado a lo que Dios ha dicho y no a su propia opinión. Y deja en claro la existencia del perdón pero que el pecado trae sus consecuencias. Que se puede elegir obedecer o desobedecer a Dios, pero no se puede escoger las consecuencias de tal decisión (V.5-12). Pero lo más importante es el impacto negativo -que provoca en la “Honra del nombre de Dios”, el desprecio y la blasfemia por parte de Sus enemigos cuando usted y yo pecamos (V.13-14) ¡Esto último es más importante que nuestra propia vergüenza!


Juzgar con justo juicio



En Juan 7: 24 Jesús nos ordena juzgar y como debemos hacerlo. En primer lugar, algo no está mal solo porque así lo parezca y antes de ser afirmarlo debe existir un cien por ciento de seguridad en la realidad de las cosas. Si vamos a tomar un curso de acción debemos hacerlo de la manera “correcta” ¡He aquí la diferencia! En Juan 8: 3 – 11 Jesús utiliza el principio del Justo Juicio en el trato a la mujer adúltera. Aquellos que la juzgaban desconocían la totalidad de los hechos y esto queda demostrado por la parcialidad como manejaron el suceso. Además, al irse, los acusadores demostraron que sus vidas no eran mejores que la de la mujer infiel a la que querían apedrear. Al final de la historia ni los maestros de la ley ni el mismo Jesús, que podía hacerlo, condenan a la mujer. ¡Pero tampoco Jesús se hace cómplice de su pecado! Al contrario, Él utiliza el principio del Justo Juicio al decirle: “Puedes irte, pero no vuelvas a pecar”. Cuando juzgas justamente a otro, estás más interesado en su restauración (Gálatas 6: 1) y en cumplir tu responsabilidad de arrancarle un alma al infierno (Santiago 5: 19 – 20).


¿Podemos juzgar a otros?



En Mateo 7: 1 – 5 algunos interpretan a un Jesús permisivo que enseña, según ellos que: "Todo se vale” o “que cada uno es cada uno” en cuanto a cómo conduce su propia vida. Otros asumen una postura crítica inclinada a descubrir y condenar las faltas de otros de una forma negativa y destructiva. ¡Ni uno ni otro extremo! El mandato “No juzguéis” no es una prescripción a ser ciegos, sino más bien una exhortación a ser bondadosos, benévolos o nobles. En todas nuestras actitudes y conducta hacia otros no debemos actuar ni como jueces (siendo Dios el único Juez) volviéndonos severos, censuradores y condenatorios, ni como hipócritas (culpando a otros mientras nos excusamos nosotros), sino como hermanos, cuidando de otros a tal punto que primero nos culpamos y corregimos nosotros y luego buscamos ser constructivos en la ayuda que les damos a ellos.


¿Buscas a Dios?



Vivimos tiempos de mucha apatía espiritual y es increíble el trabajo que el Diablo hace en las personas para que no busquen a Dios. El corazón de las personas se endurece más y más, hasta perder toda sensibilidad en la necesidad de buscar al Padre. Has escuchado la frase: ¿Oren por mí porque Dios a usted si lo escucha? Hay gente que trata al Señor como a una ambulancia o a un bombero ¡Solo lo buscan cuando hay emergencias! Sin embargo, Isaías 55: 6 – 7 expresa que podemos buscar y llamar a Dios, siempre y cuando dejemos el mal camino y volvamos a Él apelando su misericordia. Si de verdad deseas buscar a Dios es necesario en primer lugar una sincera disposición de ánimo (1 Crónicas 22: 19). En segundo lugar, un corazón humilde ya que el orgulloso, agrandado y altanero, el que cree que se las sabe todas es aborrecido por Dios (Salmo 138: 6) y, por último, debes aceptar incondicionalmente la forma en que Dios anhela que lo busques. Y tu… ¿Cuál es tu verdadera intención al buscar al Padre?


Predestinados para...



Dice Romanos 8: 29 que, desde el mismo principio, Dios ya sabía a quienes iba a elegir. A esos predestinó, llamó, les reestableció su amistad y los hizo partícipes de su gloria. ¿Por qué Dios escogería a unos y a otros no? Romanos 3: 23 expresa que Dios no es injusto con aquel que no elige porque ese recibirá lo que merece. 2 Timoteo 1: 9 dice que es el amor de Dios sobre cualquier calificación humana la que determina la soberana elección del Altísimo y que ese amor es extensivo a la humanidad entera (Juan 3: 16). Entonces, si el hombre ha sido predestinado desde el principio… ¿Para qué le predicamos? La aparición de Dios a Pablo en Hechos 18: 9 – 10 y la convicción del apóstol de llevar el mensaje a otros (2 Timoteo 2: 10) deja claro que la predestinación no es un pase especial para entrar al cielo. Todo ser humano puede decidir, por sí mismo, hacer, si quiere o no, lo que la ley divina le permite o no le permite llevar a cabo. Por lo tanto, debemos cambiar el enfoque de la predestinación y entender que ¡No es un pase especial! Sino más bien un “llamado” (1 Pedro 2: 9) para anunciar las poderosas obras de aquel que nos sacó de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa. Tu prójimo está muriendo… 150 mil personas descienden al infierno cada día y es un crimen que retengas la información que puede salvarles la vida.


Ministerios incompletos



Apolos (Hechos 18: 24 – 25) era un orador elocuente, buen conocedor de las Escrituras, con un espíritu entusiasta y muy preciso en su enseñanza. Sin embargo, su ministerio estaba incompleto ya que lo único que sabía acerca de Jesús era solamente lo que Juan el Bautista había anunciado. El problema es que ese “Jesús” de quien hablaba Juan el Bautista ¡Había venido 28 años antes! y a estas alturas, Apolos tenía un total desconocimiento de la verdadera magnitud de la muerte y resurrección de Jesús. Ahora ¿Quién le enseñó a Apolos? ¿A quiénes y desde cuándo, Apolos, venía enseñando verdades incompletas? La Biblia dice que el desconocimiento del que enseña y de quienes somos enseñados produce destrucción (Oseas 4: 6) y no reconoce el engaño (Mateo 24: 23 – 25). La mentira se aprovecha del desconocimiento (Jeremías 14: 14 – 16) y este a su vez propicia la complacencia de los malos deseos (2 Timoteo 4: 3). Si crees de todo corazón que necesitas hacer mejoras en tu ministerio, lo primero que debes hacer es “dejarte ayudar” (Hechos 18: 26) y seguir el ejemplo del Profeta Esdras (7: 6), el cual (1) estudiaba constantemente la Palabra, (2) la obedecía y (3) la enseñaba a los judíos.         


lunes, 16 de marzo de 2020

Somos solo polvo

Cuando se habla de riesgos y desastres, la vulnerabilidad es una condición que aumenta la posibilidad de que el ser humano y los elementos del espacio sean afectados por las amenazas. El covid-19 ha dejado al descubierto la vulnerabilidad natural de la humanidad. La población se ha enfermado, en gran medida porque hemos dejado de cumplir un nivel de salud adecuado, una exigencia para la vida humana. Y, sin un buen nivel de salud, somos aún más vulnerables. La buena salud nos hace resistentes y mejora la capacidad para oponernos a los peligros. Pero una salubridad deteriorada crea una condición en el ser humano que lo hace más susceptible a las amenazas. Nuestra debilidad para enfrentar pequeños, pero letales, seres microscópicos ha quedado revelada a través del covid-19, el cual ha demostrado el poder de atemorizar a millones, dejar ciudades desiertas, obligar a encierros y cuarentenas, deteriorar el nivel de salud de millones y poner a prueba los sistemas de salud y consternar al mundo ¡La preocupación se ha apoderado de todos! Definitivamente: “somos solo polvo” Salmos 103: 14. Ahora, que tal si como hijos de Dios, en vez de racionalizar esta pandemia, hacemos un alto y reconocemos que: “… nosotros hemos actuado muy mal; nos hemos rebelado contra Dios y hemos despreciado sus instrucciones. No hemos hecho caso a sus servidores los profetas, quienes hablaron en Su nombre a nuestros reyes, príncipes, a nuestros antepasados y a todo el pueblo de esta tierra. Sí, todos nosotros… hemos sido desleales a ti. Pero tú, Señor, eres nuestro Dios, siempre misericordioso y dispuesto a perdonarnos aun cuando nos hemos rebelado contra ti. Todos los males que has predicho nos han sobrevenido. Pero no te hemos buscado, Señor y Dios nuestro, ni hemos dejado nuestro mal obrar ni procurado vivir de acuerdo a tus sabias indicaciones. Y por eso has traído sobre nosotros este desastre. Tú eres justo en todo lo que haces, pero nosotros no quisimos obedecer. ¡Oh Dios nuestro, oye la oración y las súplicas de tus servidores! ¡Oh mi Dios, pon atención y escucha nuestra petición! Mira toda la desgracia que estamos sufriendo… No te pedimos porque creamos que merecemos tu auxilio, sino porque sabemos que tú eres misericordioso ¡Oh Señor, escucha; por favor, ¡Señor, perdona! ¡Oh Señor, escúchanos y actúa! ¡No te demores, hazlo al menos para cuidar la fama de tu nombre, oh mi Dios…!” Daniel 9: 5 - 19