miércoles, 26 de julio de 2017

La reina de Saba


En ninguna parte de la Biblia se nos dice que la reina de Saba (1 Reyes 10) fuera una mujer pagana convertida. En realidad, se nos dice bastante para suponer que no se convirtió. Si se hubiera convertido se nos diría que al entrar en Jerusalén se dirigió al Templo para ofrecer sacrificios al Dios de Israel. Se nos habla de sus conversaciones con Salomón y de sus visitas a los palacios y la contemplación de sus riquezas... y nada más. Al final de su visita dijo: «Bendito Jehová tu Dios», lo cual distingue el de Salomón del propio. La reina de Saba era una mujer que se interesaba en las cosas. Había oído que había ascendido al trono de Israel un rey de profunda sabiduría, y grandes riquezas. Quiso conocerle. Oyó al rey, disfrutó de su conversación con él, satisfizo su curiosidad intelectual y su sentido artístico. Pero nada más. Hoy vemos también muchos jóvenes, que sienten deseos de ampliar sus horizontes intelectuales, de alcanzar excelencia en el mundo intelectual. Esta es una actividad digna de elogio. Elegir ser mediocre en la vida es una triste elección. Pero por desgracia, la mayoría de las veces, ocupadas con todos estos oropeles se olvidan de algo: «He aquí hay uno mayor que Salomón en este lugar» (Mateo 12: 42). Jesús les pide no que aprecien la belleza de su palabra y nada más; les pide que le entreguen su corazón y se rindan a su servicio. Por desgracia muy pocos están dispuestas a obedecer este punto. Pueden incluso considerar que Jesús era mayor que Salomón. Pero no le consideran como Redentor de su pecado y de su culpa. Por tanto, no se sienten inclinadas a adherirse a Él ni a alabarle con agradecimiento. Se quedan donde se quedó la reina de Saba. Van a Jerusalén, se entusiasman y se marchan.


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La naranja


Un ateo dictaba una conferencia ante un gran auditorio defendiendo la inexistencia de Dios. Después de haber finalizado su discurso, desafió a cualquiera que tuviese preguntas a que subiera a la plataforma. Un hombre que había sido bien conocido en la localidad por su adicción a las bebidas alcohólicas, pero que había encontrado recientemente liberación y esperanza en Dios, aceptó la invitación y sacando una naranja del bolsillo comenzó a pelarla lentamente. El conferencista le pidió que hiciera la pregunta; el hombre, continuó imperturbable pelando la naranja en silencio, al término de lo cual, se la comió. Se dirigió al conferencista y le preguntó: "¿Estaba dulce o agria?" "No me pregunte tonterías", respondió el orador con señales evidentes de enojo; "¿Cómo puedo saber el gusto si no la he probado?" Y aquel hombre regenerado por el amor de Dios le respondió: "Y ¿cómo puede usted saber algo de Dios, si nunca lo ha probado?" Dios dice: "Juro por mi vida que, en mi presencia, todos se arrodillarán y me alabarán" Romanos 14:11


martes, 25 de julio de 2017

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La verdadera madre


1 Reyes 3 nos cuenta de dos mujeres de vida reprensible que habían concebido y el hijo de cada una era ilegítimo. Un niño muere y el otro se lo disputan ambas aduciendo ser la madre. La madre verdadera se opone rotundamente al sacrificio del hijo, en cambio la segunda muestra entrañas insensibles, pues sabía que el hijo no era suyo. Sin duda, la segunda es una mujer mucho más depravada. Con todo, notemos que incluso ésta tiene una chispa de amor maternal por desviado que sea: Procura poseer un hijo, aunque sepa que no es el suyo. Duele reconocer que hoy en día no hay inconveniente por parte de algunas madres en hacer desaparecer un hijo, antes de haber nacido, para evitar el oprobio o la vergüenza pública que implica haber cometido una inmoralidad. Salomón se atreve a dar una orden monstruosa porque sabía que las mujeres de su país se rebelarían ante una orden semejante y no se equivocó. La verdadera madre cedió sus derechos al hijo para salvarle la vida. Hoy muchas mujeres se preguntan: ¿Cómo puedo librarme del hijo? Incluso los animales, llevados por su instinto defienden a sus hijos. Una perra defiende a sus cachorros. ¿Cómo puede, una mujer, a sangre fría permitir que su hijo sea asesinado, o mejor dicho, cómo puede dar orden para que su hijo sea destruido? La verdadera madre del hijo ilegítimo es un caso ejemplar de afecto maternal, y por él merece nuestra alabanza. Al margen de su conducta censurable en otros aspectos de su vida, la madre verdadera del niño es un ejemplo de afecto maternal, que cuando es contemplada por muchas madres en nuestra sociedad, debería causarles sonrojo.


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La tortuga y la liebre II


Después de ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganar a la liebre en velocidad. De la manera como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería.  Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr por una ruta distinta a la anterior. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. La liebre no sabía nadar y mientras se preguntaba qué podía hacer, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso lento pero constante y terminó la carrera en primer lugar. Moraleja: "Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros".
Pero la historia sigue.... Pasó el tiempo y tanto compartieron la liebre y la tortuga que terminaron haciéndose amigas. Ambas, reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río a nado con la liebre sobre su caparazón, y  ya en la otra orilla, la liebre cargó de nuevo a la tortuga hasta llegar a la meta.  Como alcanzaron la línea de llegada en tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que la que habían experimentado con sus logros individuales. Moraleja: “Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, no solo complementamos capacidades, compensamos debilidades, potenciamos nuestros recursos, sino que también obtenemos mejores resultados”.


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La tortuga y la liebre I


Una tortuga y una liebre, siempre discutían sobre quién era más rápida. Para terminar con la discusión, decidieron hacer una carrera.  Eligieron una ruta y comenzaron a correr. La liebre salió a toda velocidad y corrió enérgicamente durante un buen rato. Luego, al ver que  había sacado muchísima ventaja, decidió sentarse debajo de un árbol para descansar unos momentos, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha, pero se quedó dormida. La tortuga, que andaba con paso lento pero constante, la alcanzó, la superó y terminó siendo la ganadora indiscutible de la carrera. Moraleja: "Los lentos, pero constantes y perseverantes, también ganan la carrera". La historia no termina aquí...
La liebre, decepcionada por haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció su grave error al subestimar a la tortuga. Se dio cuenta de que por presumida y descuidada había perdido la carrera. Si no hubiese subestimado a su oponente, nunca la hubiera podido vencer. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió sin descanso desde el principio hasta el fin y su triunfo fue contundente. Moraleja: "Los rápidos y tenaces vencen a los constantes y perseverantes". La historia tampoco termina aquí...