domingo, 17 de diciembre de 2017

Lo que no se ve no cuenta


¿Sabías que todo es juzgado por su apariencia? ¡Lo que no se ve no cuenta! Nunca acepte perderse en el anonimato de la multitud o ser sepultado por el olvido. ¡Ponga toda su fuerza en destacarse! Conviértase en un imán que concentre la atención de los demás. Llame la atención sobre su persona creando una imagen inolvidable, incluso controvertida. Pietro Aretino decía que: “Incluso cuando se realiza una manifestación en mi contra, obtengo mi cuota de renombre”. Una vez que la mirada de la gente se ha fijado en usted, usted adquiere una validez particular. Para evitar ser uno más del montón, debe poseer una cualidad o una imagen que lo diferencie de los demás. La sociedad adora a las figuras sobredimensionadas, a los individuos que destacan por encima de la mediocridad general. Por lo tanto, nunca tema las cualidades que lo distinguen y que llamen la atención sobre su persona. El gran científico Thomas Edison sabía que, para recaudar fondos, debía mantenerse a toda costa en la mira del público. Casi tan importante como sus inventos era la forma en que los presentaba al público y atraía la atención: Preparaba experimentos de gran impacto visual y hablaba de inventos futuros que en aquel entonces parecían fantásticos. Baltazar Gracian decía: “Sea ostentoso y hágase ver… Lo que no se ve se considera inexistente… Fue la luz la que en un principio hizo que todo lo creado se manifestara. La ostentación llena muchos blancos, disimula defectos y otorga a todo una segunda vida, en especial cuando la respalda un mérito genuino”.

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Cuando suenen las doce


Alguien dijo: “Año nuevo, vida nueva, lo pasado pisado, lo bueno guardado y lo malo olvidado”. Cierra los ojos y piensa en todo lo que te hizo sonreír en el año que termina y olvídate de lo demás. Atrás quedarán cientos de momentos, historias de disputas, abrazos, risas, alegría y llanto, que vale la pena olvidar. Brinda por las cosas BUENAS que te sucedieron y por las cosas malas que te ayudaron a crecer y ser más FUERTE. Cuando un año está por comenzar significa que va a empezar una nueva etapa en nuestra vida, un periodo en el que podemos comenzar de nuevo. El año viejo se despide dejándonos experiencias a montones y el año nuevo traerá muchas oportunidades recargadas de ilusiones. Cada año que pasa aprendemos algo nuevo, conocemos nuevas personas  y nos separamos de otras. Si quieres un año de prosperidad, siembra trigo. Si quieres diez años de prosperidad siembra árboles frutales. Si quieres una vida de prosperidad, siembra amigos. La riqueza de un humano se mide por la cantidad y calidad de los amigos que tiene. ¡Gracias por ser parte de mi fortuna! La vida es un fragmento de tiempo, lo que sin duda permanece siempre en un bonito recuerdo. Por eso quiero pasar a tu lado construyendo nuevas ilusiones para el año que empieza. Cuando suenen las doce campanadas, cierra los ojos y pide un deseo al Año Nuevo, a esa hora yo hare lo mismo. ¿Mi deseo? ¡Que el tuyo se haga realidad! FELIZ AÑO NUEVO…

viernes, 15 de diciembre de 2017

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Crìa fama...

Montaigne decía que: “Podemos ceder nuestros bienes e incluso nuestra vida a nuestros amigos; pero es muy difícil que alguien acceda a compartir su fama o ceder a alguien su reputación”. Como suele decirse, “Cría fama y échate a dormir”. Y si su fama inspira respeto, logrará eficaces resultados antes de que usted entre en escena o emita una sola palabra. “La fama que parece descansar en la opinión de muchos, decía Baltasar Castiglione, fomenta una cierta creencia inamovible en el valor del hombre, creencia que luego será fácil reforzar en las mentes ya preparadas y predispuestas para ello”. Algunas personas tratan de arruinar la reputación de otras sembrando dudas mediante insidiosos rumores. Lo anterior se convierte en un dilema terrible porque la primera reacción del ofendido es negar los rumores y demostrar que ha sido difamado. Sin embargo, siempre quedará la sombra de la duda: ¿Por qué se defiende tan desesperadamente? ¿Acaso hay un atisbo de verdad en los rumores que procura desmentir? Por otro lado, si se ignoran los rumores, al no ser refutados, se irán fortaleciendo. Nietzsche decía que: “Es más fácil soportar una mala conciencia que una mala reputación”. El buen nombre es un tesoro que debe forjarse y guardarse celosamente. Imagine una mina llena de diamantes y rubíes. Usted buscó el lugar del tesoro, lo excavó y ahora su riqueza está asegurada. Defiéndalo con su vida, si es necesario. Asaltantes y ladrones acecharán en todas partes. Nunca de su riqueza por asegurada, y renuévela constantemente: el tiempo reducirá el brillo de sus joyas ocultándola a la vista. 

¿Oyes lo que oigo?

Dijo el viento de la noche a la ovejita: ¿Ves lo que veo?
¡Hacia arriba en el cielo, corderito! ¿Ves lo que veo?
Una estrella ¡Una estrella, bailando en la noche con una cola tan grande como una cometa!
Dijo el pequeño cordero al pastor: ¿Oyes lo que oigo?
¡Sonando en el cielo, pastor! ¿Oyes lo que oigo?
Una canción ¡Una canción, muy por encima de los árboles con una voz tan grande como el mar!
Dijo el pastor al rey poderoso: ¿Sabe usted lo que yo sé?
En su palacio caliente rey, poderoso ¿Sabe usted lo que yo sé?
Un niño ¡Un niño tiembla en el frío! ¡Vamos a llevarle plata y oro!
Dijo el rey a la gente en todas partes: Escuchen lo que digo: ¡Oren por la paz, la gente en todas partes!  
El Niño ¡El Niño, durmiendo en la noche! ¡Él nos traerá la bondad y la luz!

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La Navidad pasada

La Navidad pasada te di mi corazón, pero al día siguiente tú lo regalaste.
Este año, para ahorrarme las lágrimas, se lo daré a alguien especial.
Gato escaldado, del agua fría huye, mantengo mi distancia,
pero a ti todavía te intereso.
Dime cariño ¿ya no me recuerdas?
bueno, ha pasado un año, tampoco me sorprende.
Feliz Navidad... Te envolví mi corazón y te lo envié
con una nota que decía: Te quiero.
Me trataste mal, ahora lo se ¡Qué loco he sido!
pero si me besas ahora sé que me volverás loco otra vez.
Una habitación abarrotada, amigos con ojos cansados,
me escondo de ti y de tu alma de hielo.
Dios mío, supongo que sólo eras alguien que confió en mí,
adivino que yo sólo fui un hombro donde llorar.
La cara de un amante con el fuego en su corazón,
un hombre en el que refugiarse… pero tú me lanzaste lejos.
Ahora he encontrado el verdadero amor, nunca me volverás loco otra vez.
La cara de un amante con el fuego en su corazón,
un hombre en el que refugiarse pero tú me lanzaste lejos.
Quizás el próximo año yo tenga a alguien, yo tenga a alguien especial. (Wham)

jueves, 14 de diciembre de 2017

Ya verè


En la corte de Luis XIV, los nobles y los ministros pasaban días y noches enteros debatiendo temas de Estado. Consultaban, discutían, hacían y rompían todo tipo de alianzas, y volvían a discutir hasta que al fin llegaba el momento crucial, dos de ellos eran elegidos para presentar al rey las dos posturas opuestas para que luego el soberano optara por una. Una vez elegidas estas personas, abordaban a Luis XIV –siempre de forma delicada y comedida- y cuando este les prestaba atención presentaban el tema en cuestión explayándose sobre las distintas opciones. Luis XIV solía escuchar en silencio, con expresión enigmática. Cuando, ya finalizaba la exposición, los emisarios preguntaban cuál era su opinión, el rey los miraba y les decía: “Ya veré”, y se retiraba. Los ministros y cortesanos no volvían a oírle una palabra más sobre el tema; simplemente veían el resultado, semanas después, cuando el soberano tomaba una decisión y actuaba en consecuencia. Jamás se molestaba en volver a consultarles sobre el asunto. Su famoso “Ya veré” aplicaba a todo tipo de preguntas y pedidos. Nadie sabía con exactitud cuál era su posición ni podía predecir sus reacciones. Nadie podía intentar engañarlo diciéndole lo que creía que él quería oír, ya que nadie sabía que era lo que deseaba oír.