“Nacimos solos, vivimos solos y morimos solos, dijo Orson Wells.
Solo a través del amor y la amistad podemos hacernos la ilusión, por un
momento, de que no estamos solos.” Nacemos en medio de dolores, crecemos,
luchamos, nos enfermamos, morimos mientras otros están naciendo para que, al igual
que nosotros, vivan también su propia comedia. Al estar solos, nos esforzamos a
través de nuestros actos para huir de esa soledad ocupando gran parte del
tiempo buscando compañía y de ahí vienen los grandes tormentos de nuestra vida.
Olvidamos que la soledad enseña más que cualquier compañía y acabamos siendo
copias, habiendo nacido originales. Vivimos la vida con frenesí, convertidos en
una sombra, una ilusión o una ficción. Algunos piensan que no venimos a este
mundo para estar solos… pero yo creo que tampoco vinimos a este mundo para
estar con cualquier persona. Prefiero la tranquilidad de la soledad que la decepción
de una mala compañía. Llegamos a este mundo sin nada ni nadie y nos iremos de
El sin nada ni nadie. Solo seremos el recuerdo de lo que fuimos para los demás.
Debemos aprender a caminar solos, a reír, a jugar y a llorar sin amigos, sin
amor y a veces incluso sin familia, porque solo llegamos y solo nos vamos.
lunes, 19 de agosto de 2019
martes, 13 de agosto de 2019
El maestro Quiñonez
Un proverbio en el Nuevo Testamento decía: “Médico, ¡Cúrate a ti
mismo! Para hacer referencia a que los médicos son malos pacientes, debido a
que deberían escuchar sus propios consejos. Al respecto mi abuela decía: “Nunca
confíes en un cocinero flaco, porque si la comida es buena ¡El cocinero debe
comer mucho!” Existen personas que les encanta andar corrigiendo a los demás,
haciéndoles ver cada uno de sus errores, cuando los suyos son más grandes y
evidentes. Aquí es donde se cumple aquello de “Corrígete a ti mismo”. Una
persona que dedica tiempo a mejorarse a sí mismo, no tiene tiempo para criticar
a otros. Usualmente, el que se la pasa señalando, “sabe” como vivir la vida de
otros menos la propia. Como el maestro Quiñónez, que nada sabe Él, y quiere dar
lecciones. Se la pasa criticando vidas ajenas, hijos ajenos, maneras ajenas de
hacer las cosas y le fascina juzgar a los demás, únicamente porque los demás
pecan de forma diferente a ellos. Señalar a los demás no te convierte en mejor
persona. Al contrario, genera mucha energía negativa en tu vida y solo habla
mal de ti. Das mucha pena, que, por quedar bien con otros, dejes en mal a
otros. Antes de juzgar y criticar a los demás a sus espaldas deberías ver tu
espejo y corregirte. Hazte un auto examen y pregúntate cuantos errores has
cometido y cuantos son tus defectos. Verás después que ya ni tendrás ganas de
seguir escudriñando en las fragilidades de los demás.
lunes, 12 de agosto de 2019
¿Discutir? Que pereza...
“La única forma de salir ganando de una discusión, decía Dale
Carnegie, es evitándola”. Y evitar no siempre es cobardía, a veces es prudencia
y otras, inteligencia. Recuerdo que mi abuela me decía: “Dos no se pelean si
uno no quiere”. Porque cada discusión tiene, al menos tres puntos de vista: el
tuyo, el del otro y los de los demás. Discutir con un necio nos rebaja a su
nivel y por su experiencia ¡Nos gana! Alguien dijo que discutir es como montar
en una bicicleta estática. Te esfuerzas, sudas, te cansas, te agotas y al final
no te lleva a ningún lado. Deja que el necio hable y hable. Mientras más habla
se hunde más en su miseria. Y tú no digas nada de lo que te puedas arrepentir ¡Al
final saldrás victorioso! Si puedes elegir entre tener la razón o ser amable,
elige siempre ser amable. Y cuando noten que no eres la misma persona de antes,
que has dejado de darle importancia a muchas cosas, entonces se irán sobre ti.
Te acusarán de haber cambiado, de haber perdido la sensibilidad. Incluso de ser
indiferente a los sentimientos. Querrán discutir contigo atacándote de mil
maneras, solo por haber dejado de sufrir por cosas que ya no valen la pena. No
hay mejor testigo que el tiempo para poner la verdad y la mentira en su lugar.
La peor pérdida de tiempo es discutir con un ignorante que se cree sus propias
mentiras y no le importa la verdad o realidad sino sólo la victoria de su
necedad. Al igual que un niño, su paciencia es infinitamente mayor que la tuya ¡Y
nunca se cansará de responderte!
Historias de historias
No existe historia que se escriba sola, se necesitan de las
palabras para que se empiecen a escribir. Pero no todas empiezan con “Había una
vez” ni tampoco todas terminan con un “Felices para siempre”. Algunas historias
jamás pasan del prólogo, pero “adiós” tampoco significa el punto final. Hay
unas que terminas de escribir con lágrimas en los ojos y cada vez que la
vuelves a leer, te vuelve a hacer llorar de nuevo. Existen historias fugaces
que duran toda una vida e historias eternas que duran solo una noche. Historias
de grandes amigos que pueden llegar a convertirse en grandes desconocidos e
historias con desconocidos que nos vuelven inseparables. También abundan las
historias falsas como cuando de pronto llegó ese alguien y creíste que tu vida
cambiaría con menos complicaciones y más sonrisas ¡Confiando que lo mejor
estaba por venir! Y no era verdad… He oído muchas historias de personas que ni
soñaban conocerse pero que terminan encontrándose en el instante menos esperado,
pero en el momento indicado. Sin embargo, aunque el destino los ponga en el
mismo camino, dependen de los dos caminar juntos. Personalmente me encantan las
historias que agradan más al corazón que a la vista, que se meten primero en el
alma y después por los ojos. Historias de instantes sinceros…
sábado, 10 de agosto de 2019
Una lengua viperina
Tales de Mileto dijo en una ocasión: “La cosa más difícil es
conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar mal de los demás”. Muchas
personas emplean toda su vida ocupándose de los demás; una mitad para amarlos y
la otra mitad para criticar la conducta de ellos. Difícilmente piden una
disculpa, necesitan siempre destacar lo negativo de aquellos que tienen más
cerca, sean familiares o no. Haciendo esto ignoran sus propios defectos,
limitaciones y miserias humanas, que no son pocas. “Aquellos cuya conducta se
presta más al escarnio, dijo Moliere, son siempre los primeros en hablar de los
demás”. Una lengua viperina utiliza la práctica común de hablar mal de otros,
incluso aunque no se tengan argumentos. Sus juicios y comentarios son generados
por sus propios rencores infundados. Hablar mal de los demás no es más que una
excusa para hablar bien de nosotros mismos ¡Una forma deshonesta de
autoalabanza! Una lengua viperina olvida que el daño que le hace a los demás,
hace más en ella misma, que en la persona que pretende lastimar. La venganza,
el rencor, hablar mal de alguien queda en la memoria de la lengua viperina y
eso le hará vivir en la oscuridad y en la amargura. ¡Constantemente tropieza
más seguido con la lengua que con los pies! Se me olvidaba: “Esa persona que
viene y te habla mal de los demás, es aquella que después va con los demás a
hablar mal de ti”. Después no digas que no te lo advertí…
viernes, 9 de agosto de 2019
Estrellarse contra la realidad
Leí en alguna parte que “Cuando no se puede manejar la situación,
es mejor estacionarla”. Siempre es mejor frenar las cosas de buena manera, y no
estrellarse de manera horrorosa al no poder controlar la situación. Sin
embargo, muchas veces sabemos que vamos a estrellarnos y aún así aceleramos. ¿Por
qué? ¡Es muy simple! Es esa manía de negarse a la realidad, de vivir de ilusiones,
de flotar en fantasías. Persistir en ello asegura la caída y la muerte por “realidades”.
Uno de los principales problemas del sufrimiento humano, es negarse a aceptar
lo que la realidad siempre tiene preparado para nosotros. Negarse a aceptar la
realidad nunca hará que desaparezca y no hay peor ciego que el que ya vio la
realidad y decide volver a cerrar los ojos. Negar la realidad es lo más fácil del
mundo. Mucha gente lo hace, pero la realidad sigue siendo realidad. Podrás
girar la cabeza, huir o negar la evidencia; pero no por eso va a dejar de ser
verdad ¡Al final la dura realidad acabará por alcanzarte y no podrás ignorar
sus consecuencias! Es duro aceptar la realidad, pero es mucho más duro aceptar
una mentira como real. Prefiere siempre una verdad dolorosa y entiende que hay cosas
que están destinadas a suceder. Aceptar la realidad es tan doloroso como necesario,
si te niegas a aceptarla, el más afectado eres tú.
jueves, 8 de agosto de 2019
martes, 6 de agosto de 2019
lunes, 5 de agosto de 2019
Cuando perder es ganar
Salomón dijo en una ocasión: “He sido testigo, en esta vida, que:
El corredor más veloz no siempre gana la carrera; no siempre el sabio tiene qué
comer; quien es inteligente no es necesariamente rico y el bien instruido no
siempre tiene éxito en la vida. El ejército más poderoso no siempre gana la batalla,
aunque esté mejor preparado para el combate.” ¿Será que aquel, tratando de ser
el mejor, no gana porque se cree que es el mejor? Unos se consuelan diciéndose a
sí mismos que “a veces se gana y a veces se pierde… ¡Pero siempre se aprende!”.
Y están los que envían a otros a apostar y arriesgar con un susurro en el oído:
“¡Gana o pierde, pero siempre inténtalo y lucha! Y yo me pregunto: “¿Por qué no
van ellos?” Ahora, el hecho de que siempre no se gana no debe arrojarte al sofá
de la autocompasión y el acostumbramiento. Deja de hacerte la víctima ¡Eres un
guerrero! Tal vez no estás tan bien como quisieras, pero tampoco estás mal como
otros quisieran. Dite a ti mismo: “Aún estoy aquí, de pie, dando pelea y puede
ser caiga. Sin embargo, de algo estoy seguro ¡En el suelo no me quedo! No te dejes
engañar acerca de que el mal casi siempre gana al bien, básicamente porque los
objetivos del mal y el camino para llegar a ellos son más fáciles que los que
persigue el bien. Da por bien perdido lo perdido, sobre todo cuando te sirva
para liberarte de algo. A veces se gana más cuando se pierde que cuando se
gana. Existen batallas que empobrecen al vencido, más no enriquecen al
vencedor.
lunes, 1 de julio de 2019
El Israel de Dios
En Efesios capítulo 2: 11 al 22, el Apóstol Pablo expresa que los
gentiles no debemos olvidar que antes estábamos excluidos de la ciudadanía
israelí, viviendo en este mundo sin Dios y sin esperanza. Pero ahora hemos sido
acercados por medio de la sangre de Cristo, el cual nos ha unido, a los
gentiles, con los judíos en un solo pueblo por medio de su cuerpo en la cruz,
derribando el muro de hostilidad que nos separaba a unos y otros. Dios hizo la
paz entre judíos y gentiles al crear de los dos grupos un nuevo pueblo en él y
la hostilidad que había entre nosotros quedó destruida. Ahora, juntos
constituimos su casa, la cual está edificada sobre el fundamento de los
apóstoles y los profetas. Y la piedra principal es Cristo Jesús mismo. El plan
de Dios, continúa diciendo el Apóstol en Efesios 3: 6, consiste en que todos
los judíos como los gentiles que creen la Buena Noticia gozan por igual de las
riquezas heredadas por los hijos de Dios. Ambos pueblos forman parte del mismo
cuerpo y ambos disfrutan de la promesa de las bendiciones porque pertenecen a
Cristo Jesús. Ya no importa, según Gálatas 3: 28, si somos judíos o no, si
somos esclavos o libres sin distingo de género. Si estamos unidos a Jesucristo,
todos somos iguales. Lo importante, concluye Pablo en Gálatas 6: 16, es ser una
persona distinta, una nueva creación. Que la paz y la compasión de Dios estén
con todos los seres humanos que ajusten su vida a esta norma; ellos son el
nuevo pueblo de Dios ¡El Israel de Dios!
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