martes, 9 de enero de 2018

¿Libertad de elegir?


El mejor engaño es aquel que aparenta ofrecer opciones al otro: sus víctimas sienten que controlan la situación, pero en realidad no son sino títeres en sus hábiles manos. El engañador presenta opciones que siempre le sean favorables, independientemente de cuál de ellas elijan los demás. Estos últimos son obligados a optar entre el menor de los males logrando que cualquiera de las elecciones resulten a favor del engañador y en perjuicio de los electores. Cuando se examina con detenimiento esta “libertad de acción”, caemos a cuenta que las opciones que se presentan en la política, en el trabajo, en el amor, etc., contiene grandes limitaciones. A menudo se trata simplemente de optar entre A y B, mientras que el resto del alfabeto queda fuera del espectro. “Elegimos” para creer que se está jugando limpio y que gozamos de libertad. Hay un dicho que reza: “Si puedes lograr que el pájaro entre en la jaula por su propia voluntad, mucho más bello será su canto”. Cuando la gente puede elegir entre varias alternativas le cuesta creer que se trate de una manipulación o un engaño. Sin embargo se olvidan, que cuando el toro nos acorrala con sus “cuernos”, no solo un cuerno, del que quizá sería posible escapar, sino un par de cuernos, que atrapan sin remedio. Vaya hacia la derecha o hacia la izquierda, siempre correrá al encuentro de esas agudas puntas que lo atravesarán. 

El duelo


El canciller alemán Otto Von Bismark, furioso ante las constantes críticas de Rudolf Virchow (patólogo y político liberal alemán), pidió a sus ayudantes que visitaran al científico para desafiarlo a un duelo. “Como soy la parte desafiada, puedo elegir las armas, y elijo éstas –dijo Virchow, levantando dos salchichas largas y, en apariencia, idénticas-. Una de estas está infectada con gérmenes patógenos letales; la otra está en perfectas condiciones. Que Su Excelencia decida cuál de las dos quiere comer, y yo comeré la otra”. Casi de inmediato, Virchow recibió la respuesta de que el canciller había decidido cancelar el duelo.

Gracia y facilidad


¿Quién no enmudece ante el destello del relámpago en el cielo? ¿Ante una repentina inundación o a la rapidez y ferocidad de un animal salvaje? ¡La naturaleza nunca revela sus trucos! Nos impresiona por su aparición repentina, su gracia natural y su poder sobre la vida y la muerte. A través de la ciencia y la tecnología, hemos recreado la velocidad y el poder sublime de la naturaleza, pero hay algo de lo que ese poder carece: nuestras maquinas son ruidosas y muestran con claridad el esfuerzo que realizan. Ni las mejores creaciones de la tecnología pueden apagar nuestra admiración por las cosas que se mueven con gracia y sin esfuerzo. Tal es el caso de la voluntad que nos imponen los niños: un encanto seductor  que ejerce sobre nosotros una criatura menos deliberada y más graciosa que nosotros. Todos admiramos cualquier tipo de logro extraordinario, pero si es alcanzado con gracia y naturalidad nuestra admiración se multiplica, mientras que trabajar arduamente en lo que se está haciendo  y alardear de los grandes esfuerzos realizados demuestra una extrema falta de gracia y resta valor a todo lo que se hace, por más meritorio que fuere. Cuando miras a un caballo de carrera de cerca, observas la tensión, el esfuerzo por controlar el caballo y la dificultosa respiración. Pero de lejos, desde donde estamos sentados, solo se ve su gracia y su casi vuelo por el espacio. Mantén a otros a distancia, y que solo vean la gracia con que te mueves. Esa gracia y facilidad genera admiración en los demás y les hace creer que puedes lograr o hacer más.

Lo que hagas, hazlo con audacia


La mayoría somos tímidos. Queremos evitar tensiones y conflictos y deseamos que todos nos quieran. Quizá consideremos realizar acciones audaces, pero rara vez las llevamos a cabo. Tenemos temor a las consecuencias; de lo que los demás podrían pensar de nosotros, de la hostilidad que generaremos si nos atrevemos a ir más allá de lo habitual. Cuando Cristóbal Colon propuso a la corte española que financiara su viaje a las Indias. También exigió, en delirante audacia, que le otorgaran el título de “Gran Almirante de los Mares”. ¡La corte accedió! El precio que fijó fue el precio que obtuvo: exigió que lo trataran con respeto, y lo consiguió. La timidez no es natural, al contrario, es un hábito adquirido a partir de un deseo de evitar conflictos. El valor se reduce con la timidez y se crea un círculo vicioso de duda y desastre. 1 Samuel 17: 45 y 46 cuenta la historia de un pequeño y joven pastor hebreo que desafió a un gigante filisteo de 2,9 metros: “Entonces dijo David a Goliat: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.” Goliat fue derrotado y herido con una honda y una piedra y muere decapitado con su propia espada… ¡Lo que hagas, hazlo con audacia!

lunes, 8 de enero de 2018

El final lo es todo


Muchos hombres son gobernados por el corazón y no por el cerebro. Sus planes son vagos y, cuando se encuentran frente a obstáculos, improvisan lo cual les permite sobrevivir hasta la próxima crisis. ¡Esto jamás sustituye una planificación concreta, de principio a fin! La mayoría de la gente está demasiada prisionera del momento presente ignorando los peligros de los placeres inmediatos. Tienen la tendencia humana de reaccionar ante los hechos a medida que estos se producen, obviando el dar un paso atrás e imaginar el cuadro total que se desarrolla más allá del campo visual inmediato. Creen que son conscientes del futuro, que planean y piensan por adelantado cuando en realidad lo que hacen es sucumbir a sus deseos, a lo que ellos quisieran que fuera el futuro. Centran su atención en un final feliz y se auto engañan mediante la intensidad de su deseo. Si supiésemos ver los peligros remotos –los que acechan a la distancia-, cuantos errores podrían evitarse. A veces no se trata de hacer, sino de “no hacer”: las acciones precipitadas y necias que debemos evitar para no meternos en problemas. Los finales tristes son mucho más frecuentes que los finales felices que han sido pintados por la imaginación. Cuando usted ve con claridad todos los pasos que tiene por delante y planea su accionar hasta el desenlace final, no se verá tentado por las emociones ni por los deseos de improvisar y se liberará de la angustia. ¡El final lo es todo! Es el desenlace de la acción lo que determina quién se queda con la gloria, con el dinero, con el premio…

El poder de un charlatàn


Como seres humanos, todos tenemos una necesidad desesperada de creer en algo, en cualquier cosa. Esto nos vuelve fundamentalmente crédulos. Basta con que se nos tiente con alguna nueva causa, un elixir mágico o una fórmula de enriquecimiento rápido para que mordamos el anzuelo. La historia está repleta de cultos y tendencias que han atraído masas de seguidores y que podrían llenar bibliotecas enteras. Se fabrican santos y religiones a partir de la nada mientras que un charlatán se ubica en una elevada plataforma o “saltimbanqui”. La multitud emocionada y sin razonamiento se apiña a su alrededor mientras el charlatán hace promesas de algo grandioso y transformador inventando palabras nuevas ¡Creando la impresión de un conocimiento elevado! Divierte a los aburridos y mantiene lejos a los cínicos inventando rituales exóticos de culturas lejanas. Posteriormente organiza a sus feligreses por jerarquía según su grado de santidad. Disimula su vida de lujos y el fraudulento origen de su riqueza proveniente de sus ingenuos seguidores haciendo que ellos copien sus métodos para obtener los mismos resultados que el gurú. Y para mantener unidos a sus seguidores crea la dinámica de “nosotros contra ellos” haciéndoles creer que son un club exclusivo unido por lazos divinos y que el resto de la humanidad son “no creyentes” y miembros de fuerzas malignas.  

La pata del gato


En la fábula, el mono toma la pata de su amigo, el gato, y la utiliza para sacar castañas del fuego; consigue así las nueces que desea, sin quemarse las manos. Así actúan aquellos que saben que hacer algo desagradable o impopular, es demasiado riesgoso para ellos mismos. En ese caso necesitan una “pata del gato”, alguien que haga el trabajo sucio o peligroso. Una pata suave y acolchada pero con largas garras para sujetar a su presa. Útil para sacar cosas del fuego, para clavar las garras a su enemigo y hasta para jugar con el ratón antes de devorarlo. Con la pata del gato se lastima a quien se debe lastimar y se evita que la gente se percate que son los verdaderos responsables. ¡Se conservan las manos limpias! Es hacer todo lo grato y placentero, mientras que todo lo ingrato se hace a través de terceros. Con lo primero se gana fama y favores y con lo segundo se evita enemistarse con los demás. Igual sucede con personas en altos mandos que saben encontrar a la gente adecuada que se haga cargo del esfuerzo mientras ellos ahorran energías y, como el mono de la fábula, evitan meter sus manos entre las brasas. Estos poderosos dan la impresión de no estar nunca apresurados ni sobrecargados de trabajo. Mientras otros trabajan hasta gastarse los dedos, ellos se toman su tiempo. Solo se rodean de cosas agradables y los únicos anuncios que hacen son los de sus triunfales logros.


Como difundir una noticia


Cuando Omar, hijo de al-Khattab, se convirtió al islamismo, quiso que la noticia de su conversión se difundiera con la mayor rapidez posible. Fue a ver a Jamil, hijo de Ma’mar al-Jumahi, famoso por la rapidez con que se transmitía los secretos. Cuando se le revelaba algo en confianza, de inmediato informaba de ello a todo el mundo. Omar le dijo “Me he convertido en musulmán. Pero no digas nada; mantelo en secreto. No se lo menciones a nadie”. Jamil salió a la calle y comenzó a gritar a voz de cuello: “¿Ustedes creen que Omar, hijo de al-Khattab, no se ha convertido en musulmán? ¡No lo crean! ¡Les aseguro que se ha convertido!”. La noticia de la conversión de Omar al islamismo se difundió a los cuatro vientos, tal como Omar lo había deseado. Un aplauso por todos aquellos que a la hora de difundir una noticia, son más rápidos que el Internet. 

El chivo expiatorio


Nuestro buen nombre y nuestra reputación dependen más de lo que ocultamos que de lo que revelamos. Todo el mundo comete errores, pero quienes son realmente hábiles y sagaces se las arreglan para ocultarlos y hacer que otros carguen con la culpa. La idea es desviar la atención de nuestra persona y focalizándola en un chivo expiatorio conveniente, antes de que la gente tenga tiempo de ponderar nuestra responsabilidad o posible incompetencia. El recurso del chivo expiatorio es tan viejo como la civilización misma y se encuentra en todas las culturas: Los antiguos hebreos solían tomar un chivo vivo, sobre cuya cabeza el sacerdote apoyaba ambas manos mientras confesaba los pecados de los Hijos de Israel. Los pecados eran transferidos al animal el cual era conducido y abandonado en el desierto. Atenienses y aztecas utilizaban seres humanos los cuales eran criados y alimentados para ese fin. Cualquier tragedia como hambre o peste en el pueblo era considerada un castigo divino que se suponía seria erradicado con la muerte de un inocente. Es muy lamentable la reacción humana de negarse a buscar en uno mismo la culpa de un error o un delito y, en cambio, echársela a algo o alguien externo. El uso del chivo expiatorio sigue siendo hoy una práctica tan común y corriente como siempre ha sucedido a través de la historia humana. 

domingo, 7 de enero de 2018

La corneja y la cobra


Había una vez una corneja y su pareja, que habían construido su nido sobre una higuera. Una enorme cobra se metió dentro del tronco hueco y se fue comiendo los polluelos, a medida que la corneja los empollaba. La corneja y su marido no querían mudarse de allí, porque amaban aquel árbol. Así que fueron a ver a su amigo el chacal, para que los aconsejara. Este los ayudó a elaborar un plan de acción. La corneja y su marido revolotearon por los alrededores. Cuando la corneja se acercó a un estanque, vio bañarse allí a las mujeres de la corte del rey; las vestimentas, perlas, collares, gemas y una cadena de oro yacían junto a la orilla. La corneja tomó la cadena de oro en su pico y voló rápidamente hacia la higuera, mientras los guardias eunucos la perseguían. Citando, llegó al árbol, dejó caer la cadena en el hueco del tronco. Cuando los hombres del rey treparon al árbol para rescatar la cadena, vieron la cabeza de la cobra. De modo que mataron la serpiente con sus bastones, recuperaron la cadena de oro y regresaron al estanque. Y la corneja y su marido vivieron felices en su querido árbol. (Cuento del Panchatantra, Siglo IV)