“Jesús dijo: —Dos personas tenían una deuda con un prestamista.
Una le debía quinientas monedas de plata y la otra le debía cincuenta. Sin
embargo, ninguna de las dos pudo devolver el dinero, así que el hombre perdonó
amablemente a ambas y les canceló la deuda. ¿Quién crees que lo amó más? Simón
contestó: —Supongo que la persona a quien le perdonó la deuda más grande. Él le
dijo: —Tienes razón”. No nos creamos mejores que los demás porque cumplimos
nuestros preceptos. Solo los que reconocen la profundidad de sus errores pueden
apreciar todo el perdón que Dios ofrece, hayan sido malvados en extremo o
convencionalmente buenos.
