En la Edad Media, un soldado mercenario salvo a la ciudad de Siena
de un agresor extranjero. Como no había dinero ni honores que pudieran pagar la
preservación de la libertad de la ciudad, los ciudadanos lo nombraron Señor de
la Ciudad. Pero consideraron que tampoco aquello seria recompensa suficiente. Al
fin uno de los ciudadanos se presentó ante la asamblea que debatía el asunto y
dijo: ¡Matémoslo, para después honrarlo como nuestro santo patrono! Fue
aprobado por unanimidad y así lo hicieron…
