martes, 18 de abril de 2017

Ardiente amor


El fuego ardiente del amor es una llama divina. El agua de todos los mares no puede apagarla ni tampoco los ríos pueden extinguirla. Por una de sus caricias es capaz de dejarlo todo. Al cabo no le interesa tener riquezas que no sean del corazón. No busca en vidas pasadas medallas ni recompensas. Su vida empieza y acaba tan solo cuando lo besa. Una pasión ardiente, pero donde hay amor, un cuerpo aunque sea fantástico, no es nada si no hay un corazón amoroso. Cuando su alma necesita un cuerpo que acariciar, solo recuerda el suyo. Observa su rostro y ve un mar de amor y pasión. Un deseo ardiente, una mirada de emociones y sentimientos. Encuentra en su mirada un nombre… el suyo. Su amor es un fuego ardiente que se prende con el oxígeno de sus besos. Decía Dante Alighieri que: “Se sabe cuan poco dura en la mujer la ardiente llama del amor, cuando la mirada y la mano, no son capaces de avivarla de continuo”.  Siente vibrar su piel en sus manos y une sus latidos con los suyos, muere de placer entre sus brazos ¡Hasta perder todos los sentidos! En silencio, sin decir palabra, con miradas pronuncia “TE AMO” apoyándose en su pecho ardiente, entregándose completamente, saboreándolo despacio y embriagándose de amor con su fragancia.