El líder de la “resurrección decembrina” fue apresado y enviado a
la horca por orden de Nicolás I de Rusia. Al abrirse la trampa, la cuerda se
cortó y el hombre cayó al suelo. En aquella época esto era considerado como
providencia divina y la persona debía ser indultada. Cuando se puso de pie,
sucio y magullado, el hombre exclamo: “¿Ven? En Rusia no hacen nada bien… ¡Ni
siquiera son capaces de fabricar una
buena soga!” Un mensajero fue a contarle al Zar lo sucedido y cuando
este se encontraba dispuesto a firmar el perdón le preguntó al mensajero si el
rebelde había dicho algo después del milagro. “Señor –le contesto el
mensajero-, dijo que en Rusia ni siquiera sabemos fabricar una soga”. “En este
caso –replico el Zar- vamos a demostrarle lo contrario”. Al día siguiente el
hombre fue llevado nuevamente a la horca. Esta vez la cuerda no se rompió…
