Una gallina que había perdido la vista, acostumbrada a escarbar la
tierra para buscar su alimento, siguió escarbando con diligencia a pesar de
estar ciega. ¿Qué sentido tenía el trabajo del ingenuo animal? Otra gallina que
veía perfectamente pero cuidaba sus delicadas patas no se apartaba de su lado,
pues disfrutaba, sin escarbar, de los frutos del esfuerzo de la otra. Porque
cada vez que la gallina ciega encontraba un grano, su atenta compañera lo
devoraba. (Lessing)
