Dos caballos llevaban cada uno su carga. El caballo que iba
adelante caminaba a buen paso, pero el caballo que iba detrás del primero era
muy perezoso. Los hombres comenzaron a pasar la carga del caballo perezoso al
caballo que iba adelante; cuando terminaron de transferir toda la carga, el
caballo que iba detrás le dijo a su compañero “¡Trabaja y transpira! Cuanto más
peso lleves más peso tendrás que soportar”. Cuando llegaron a la taberna, el
dueño de los caballos dijo: “¿Por qué habría yo de alimentar a dos caballos,
cuando uno solo puede llevar todo el peso? Hare mejor si doy a uno todo el
alimento que quiera, y le corto el gañote al otro. Al menos tendré su cuero”. Y
así lo hizo… (León Tolstoi)
