En un cuarto de hospital, había dos hombres muy enfermos. Pero uno tuvo la suerte de
estar cerca de una ventana por lo que aprovechaba cada momento posible, en su
lamentable condición para describir a su compañero el mundo exterior. En
términos muy detallados le describía a su muy enfermo amigo, el hermoso parque
que veía, con su lago, y las muchas personas que paseaban por allí. Su amigo
comenzó a vivir a base de esas descripciones y a reconfortar su maltrecha
condición a través de las narraciones de su buen amigo. Una noche el enfermo
que estaba junto a la ventana falleció y su amigo que estaba ansioso por ver a
través de la ventana pidió que le cambiaran a ese lugar, lo cual fue hecho
rápidamente. Tan pronto como quedó vacía la habitación, el hombre se levantó
con esfuerzo sobre sus codos para mirar afuera y llenar su espíritu con el
paisaje del mundo exterior. Fue entonces cuando descubrió que la ventana daba a
una pared en blanco. Hay una tremenda felicidad al hacer a otros felices, a
pesar de nuestros propios problemas. Compartir las penas es dividir el
sufrimiento, pero compartir la felicidad es duplicarla.
