Camina con los pies en la tierra pero teniendo la mirada y el
corazón en el cielo. Ahora, no confundas tener los pies en la tierra con
acostumbrarte a vivir en el cielo. A veces la vida nos detiene los pies… solo
para que descubramos y usemos nuestras alas. Ten los pies en la tierra pero que
tu alma camine sobre las nubes. Cuando se tiene unos pies tan fuertes para
pisar la tierra y una mente tan libre para tocar la luna, vuelas tan alto como
quieras porque no temes aterrizar. Cuando caminas vas marcando el trazo de tus
anhelos, de tus triunfos y fracasos, abriendo brechas en el suelo. Si
estuviéramos hechos para estar en un solo lugar ¡Tendríamos raíces en lugar de
pies! Para dejar huella, primero hay que clavar los pies sobre la tierra. No se
trata de tener el mundo a tus pies, sino de dejar huella en todo el mundo. Pies
que sientan la hierba fresca, cuando descalzos caminen. Pies que se yerguen
amantes, anhelando de puntillas un beso, una mirada… Decía Khalil Gibran que:
“No olvidemos que la tierra se deleita al sentir tus pies descalzos sobre ella
y que los vientos anhelan jugar con tu cabello”. Mis pies son mi único
vehículo, tengo que seguir dándole para adelante, caminando con los soñadores,
los creyentes, los valientes, los alegres, los planificadores, los que actúan.
Las personas de éxito que tienen la cabeza en las nubes y los pies en la tierra.
Que su espíritu provoque un incendio en tu interior para dejar este mundo mejor
de lo que lo encontraste.
