Una mujer fue a una tienda de mascotas y compró una lora. El día
siguiente volvió a la tienda. — ¡Esta lora todavía no ha dicho ni una palabra!—
informó. —A las loras les encanta mirarse en el espejo —le dijo el tendero—. La
mujer compró el espejo y se fue. Al día siguiente estaba de regreso porque el
ave aún no hablaba. —A las loras les encanta subir y bajar escaleras —le
sugirió el comerciante—.La señora compró una escalera y se fue. Al otro día la
misma historia: -la lora todavía no habla! —Las aves se relajan cuando se
columpian —recomendó el tendero—. La mujer compró el columpio y se fue. Al día
siguiente regresó a la tienda para informar que la lora había muerto. —Cuánto
lo siento—exclamó el tendero—. ¿Dijo algo antes de morir? —Sí—contestó la
dama—, dijo: “¿Será que no venden comida en esa tienda?”
