¿Qué fue de ese amor que un día como fuego prendió sus cuerpos?
Dice Ricardo Arjona que: “Se nos muere el amor, tiene fiebre de frio, se nos cayó
de la cama cuando lo empujó el hastío”. Todo cambio… se mató toda esa emoción
que le daba cada vez que le escribía, podría culpar a su frialdad o indiferencia
o a las veces que dejaron de hablar para tratar de alejarse. Adujeron que ambos
se ocupaban demasiado en otros asuntos y que ya no podían verse. Se enfriaron
las cosas entre ambos. Un día hablaron y él le dijo que se iba. Fue tanta su
frialdad aquella vez, que ni siquiera le dieron ganas de pedirle que se
quedara. Ya borró sus conversaciones, cambió su nombre y se lo puso como cuando
lo agregó por primera vez, cuando no eran nada. Ya no extraña su amor a medias.
Ya ni que esté en línea la emociona. Entonces abrió los ojos y se dio cuenta de
que en la vida real no se dicen frases de película, que nadie cruzaría un
océano para abrazarte cuando tengas frio, que las historias de amor solo
existen en las canciones. Entonces se puso un escudo, un rosto para desanimar
al que se le acerque. Pero no es porque no quiere sentirse querida. En el fondo
necesita la paciencia para que alguien encuentre todo el oro y los diamantes
que trae adentro...
