Es tiempo de soltar amarras… Aquí dejo todo lo que me hace daño.
Es tiempo de ser más fluido con la gente, conmigo mismo. Es momento de dejar
ir, de permitir que el viento me despeine y me sacuda; que se lleve el
resentimiento, que mi alma perdone deudas y deudores. Si algo nos debemos, te
ofrezco un abrazo, te pido una disculpa. También es tiempo de que me perdone a mí
mismo; ya me regañé bastante. Fueron muchas las piedras que yo mismo puse en mi
camino; los puentes dinamitados… Para autocastigo ya estuvo bien; elijo el
camino de la aceptación; es más barato. Acepto y entiendo que merezco empezar
de cero; con alma transparente, y espíritu tranquilo. En mi vida, a partir de
ahora, lo que ha de ser, será. Entiendo que por más que me angustie, no agregaré
un centímetro a mi estatura; ¡Jesús tenía razón! Es tiempo de relajarme. Dios
no me está juzgando. Así que, ¿Por qué habría yo de hacerlo? Elijo creer que
estamos dispuestos a sembrar más sonrisas en nosotros mismos y en la gente. Te deseo
que, ahora y siempre, estés lleno de BENDICIONES. Acéptalas… Si sueltas tus
amarras, tendrás las manos libres para recibirlas. Decía Ann Landers que: “Algunas
personas creen que aferrarse o mantenerse son signos de fortaleza. Sin embargo,
algunas veces se requiere más fortaleza para saber cuándo soltar”. ¡Puedes
hacerlo! Yo te invito.
