jueves, 20 de abril de 2017

Soltar amarras I


Es tiempo de soltar amarras… Aquí dejo todo lo que me hace daño. Es tiempo de ser más fluido con la gente, conmigo mismo. Es momento de dejar ir, de permitir que el viento me despeine y me sacuda; que se lleve el resentimiento, que mi alma perdone deudas y deudores. Si algo nos debemos, te ofrezco un abrazo, te pido una disculpa. También es tiempo de que me perdone a mí mismo; ya me regañé bastante. Fueron muchas las piedras que yo mismo puse en mi camino; los puentes dinamitados… Para autocastigo ya estuvo bien; elijo el camino de la aceptación; es más barato. Acepto y entiendo que merezco empezar de cero; con alma transparente, y espíritu tranquilo. En mi vida, a partir de ahora, lo que ha de ser, será. Entiendo que por más que me angustie, no agregaré un centímetro a mi estatura; ¡Jesús tenía razón! Es tiempo de relajarme. Dios no me está juzgando. Así que, ¿Por qué habría yo de hacerlo? Elijo creer que estamos dispuestos a sembrar más sonrisas en nosotros mismos y en la gente. Te deseo que, ahora y siempre, estés lleno de BENDICIONES. Acéptalas… Si sueltas tus amarras, tendrás las manos libres para recibirlas. Decía Ann Landers que: “Algunas personas creen que aferrarse o mantenerse son signos de fortaleza. Sin embargo, algunas veces se requiere más fortaleza para saber cuándo soltar”. ¡Puedes hacerlo! Yo te invito.