jueves, 20 de abril de 2017

Soltar amarras II



Elijo mirar la sonrisa del sol y abrazar el aire. Elijo mis propios demonios y es más… decidí darles vacaciones. Es tiempo de soltar amarras y levar anclas. Es tiempo de dejarme en paz, de pelear tanto conmigo. Se me estaba olvidando a que sabe la sonrisa. Seguiré el consejo de Mark Twain cuando dijo: “Dentro de veinte años lamentaras más las cosas que no hiciste que las que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el Puerto seguro… Atrapa los vientos en tus velas… Explora, sueña, descubre”. Es hora de levar anclas… De liberar cosas, de soltar gente. Nadie tiene porque ser como yo quiera. Así están perfectos. Así ha funcionado hasta este momento su vida. ¿Qué mejor prueba podría pedir para convencerme? Me dedico a atender lo mío, a refundarme. Viene bien tirar lo que ya no sirve, perdonar. Entre ser feliz y tener razón, elijo lo primero. Tener la razón es el peor de los desgastes, pues te quita el sueño intentado corregir al universo. He aprendido que los ciclos de la vida continúan sucediendo: Niñez, adolescencia, madurez y vejez, verano e invierno, día y noche, siembra y cosecha… Nuestra existencia es más armónica si acompañamos esos ciclos naturales. Cuando así no ocurre… la vida ya no fluye, sus aguas se estancan. Si no trae alegría a tu vida… suelta. Si permanece pero no crece… suelta. Si no te ilumina ni construye… suelta. Si no suma a tu vida… suelta. La llave para todo es ¡Soltar!