Elijo mirar la sonrisa del sol y abrazar el aire. Elijo mis
propios demonios y es más… decidí darles vacaciones. Es tiempo de soltar
amarras y levar anclas. Es tiempo de dejarme en paz, de pelear tanto conmigo.
Se me estaba olvidando a que sabe la sonrisa. Seguiré el consejo de Mark Twain
cuando dijo: “Dentro de veinte años lamentaras más las cosas que no hiciste que
las que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el Puerto seguro… Atrapa los
vientos en tus velas… Explora, sueña, descubre”. Es hora de levar anclas… De
liberar cosas, de soltar gente. Nadie tiene porque ser como yo quiera. Así están
perfectos. Así ha funcionado hasta este momento su vida. ¿Qué mejor prueba podría
pedir para convencerme? Me dedico a atender lo mío, a refundarme. Viene bien
tirar lo que ya no sirve, perdonar. Entre ser feliz y tener razón, elijo lo
primero. Tener la razón es el peor de los desgastes, pues te quita el sueño
intentado corregir al universo. He aprendido que los ciclos de la vida continúan
sucediendo: Niñez, adolescencia, madurez y vejez, verano e invierno, día y
noche, siembra y cosecha… Nuestra existencia es más armónica si acompañamos
esos ciclos naturales. Cuando así no ocurre… la vida ya no fluye, sus aguas se
estancan. Si no trae alegría a tu vida… suelta. Si permanece pero no crece…
suelta. Si no te ilumina ni construye… suelta. Si no suma a tu vida… suelta. La
llave para todo es ¡Soltar!
