“Jesús dijo: — Supongamos que
uno de ustedes tiene un amigo, y a medianoche viene a su casa y le dice:
“Amigo, préstame tres panes, pues se me ha presentado un amigo recién llegado
de viaje, y no tengo nada que ofrecerle.” Y desde adentro usted le contesta:
“No me molestes. Ya está cerrada la puerta, y mis hijos y yo estamos acostados.
No puedo levantarme a darte nada.” Les digo que, aunque no se levante a darle
pan por ser amigo suyo, sí se levantará por su impertinencia y le dará cuanto
necesite.” Cuando un amigo se dirige a ti en solicitud de ayuda e impulsado por
la necesidad, ¿Cuál es tu actitud? La circunstancia de la importunidad no hace
sino resaltar más esa amistad y precisamente la pone a prueba! ¿Atiendes a tu
amigo para quitártelo de encima o por la amistad que los une 24/7? Cuando hay
verdadero amor desaparece toda posible inoportunidad de las circunstancias,
puesto que el amor justifica todos los requerimientos que se hagan a la persona
amada, por disparatados que puedan parecer. Y hasta es posible que los
requerimientos sean más y más descabellados a medida que sea mayor el amor que
se profesan los amigos.
