Recuerdo la historia de un caballero medieval que, en las laderas
de una montaña, diviso a unos hombres intentado picar enormes piedras con
martillos y cinceles. El caballero se acercó a uno de ellos con cierta
curiosidad y le pregunto ¿Qué haces? El hombre con una expresión llena de odio
y amargura le dijo: “Estoy picando piedras ¿Qué no lo ves? Déjeme en paz”. El
caballero siguió subiendo la ladera y realizo la misma pregunta a otro labrador
a lo cual este contesto: “¿Qué cree que hago? ¡Me estoy ganando el pan de cada día!”.
Conforme seguía su camino por la ladera, el caballero observaba la cara de
molestia y enojo de muchos otros labradores hasta que observo a otro hombre
realizando la misma actividad que los hombres anteriores pero con una expresión
de alegría y entusiasmo a lo que no pudo resistir su curiosidad y le pregunto
“¿Qué haces?”. El hombre sonrió y señalo con su martillo y cincel hacia la
cumbre de la montaña y contesto: ¿Qué estoy haciendo? ¡Estoy construyendo una hermosa
catedral para mi pueblo! Lo que marca la diferencia de la actitud de los trabajadores es el
poseer un sentido profundo de la actividad que realizan gracias a la visión de
a futuro del resultado para el cual colaboran. Una actitud laboral positiva cumple
un papel importante en el desempeño y productividad laboral, permite disfrutar
más del trabajo y sentirse mejor consigo mismo. A los colegas, clientes y
terceros no les gusta relacionarse con colaboradores que tienen malas
actitudes. No olvide que no trabajamos para una organización, ¡Somos parte de
la misma! ¡Y entre todos contribuimos al éxito de aquellos a quienes servimos y
al nuestro también!
