¿Sabías que todo lo que dices a tus hijos es absorbido, catalogado
y guardado? Para estar presente en los recuerdos de tus hijos el día de mañana,
es necesario que estés presente en sus vidas el día de hoy. Y si quieres que
tus hijos mantengas sus pies sobre la tierra, no olvides colocar algunas
responsabilidades sobre sus hombros. Sana las heridas de tus hijos porque será
difícil evitarle todas las caídas y no dejes de animarlos porque será difícil
evitarle que sientan tristeza. Consuela a tus hijos porque también será difícil
evitarles el dolor y hazlos fuertes porque no siempre estarás a su lado. Y no
les des todo lo que quieran, al contrario enséñales para que sean capaces de
conseguirlo por ellos mismos. Que tu mayor satisfacción en la vida sea que tus
hijos lleguen más alto que tú. Alguien dijo que los dos regalos que debes dar a
tus hijos son raíces y alas. Enseña a caminar a tus hijos y muéstrales el buen
camino. Teresa de Calcuta dijo: “Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo;
enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño; enseñarás a vivir, pero no vivirán
tu vida. Sin embargo, en cada vuelo, en cada sueño, y en cada vida quedará para
siempre la huella del camino enseñado”. Recuerda que la palabra convence, pero
el ejemplo arrastra. Tus hijos seguirán tu ejemplo, no tu consejo. La
admiración de tus hijos es el mayor reconocimiento en tu vida como padre. “Lo
que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad”. No se trata de dejarles
un mejor planeta a tus hijos, es dejar mejores hijos al planeta. Buenos hijos
serán buenos padres.
