viernes, 12 de mayo de 2017

El loro y el mago


En un crucero, todas las noches después de la cena, un mago realizaba su espectáculo ante los pasajeros. Llevaba casi tres años haciendo lo mismo, y era tan bueno que a menudo la audiencia se le acercaba y le decía que no era necesario que aprendiera nuevos trucos. El capitán de la nave tenía como mascota un loro que noche tras noche, año tras año, había observado al mago realizar sus trucos. A tal punto que había descubierto cómo los hacía. Malignamente, el ave solía revelar al público los secretos del mago. Cuando este hacía desaparecer un ramo de flores, el loro gritaba desde el fondo del salón: - ¡Lo tiene en su espalda!... ¡lo tiene en su espalda!... ¡arria! Eso irritaba terriblemente al mago, que llegó a pensar en deshacerse de él en varias oportunidades. Pero, como se trataba de la mascota del capitán, el tema era delicado. Un día el barco sufre un accidente y se hunde. El mago se las ingenia para llegar nadando hasta un madero que flotaba y se aferra de él. Al poco tiempo el loro aparece volando y se posa en el otro extremo del madero. Ambos flotan a la deriva. Así pasan tres días sin pronunciar una sola palabra. En todo ese tiempo el loro no dejaba de mirar al mago. En la mañana del cuarto día el pájaro se dirige al mago y le dice: - Bueno... me doy por vencido. ¿Dónde carajo escondiste el barco...?.