“Jesús dijo: — Cuando un
espíritu malo sale de una persona, viaja por el desierto buscando dónde
descansar. Al no encontrar ningún lugar, dice: “Mejor regresaré a mi antigua
casa, y me meteré de nuevo en ella.” Cuando regresa, la encuentra limpia y
ordenada. Entonces va y busca a otros siete espíritus peores que él, y todos se
meten dentro de aquella persona y se quedan a vivir allí. ¡Y esa pobre persona
termina peor que cuando sólo tenía un espíritu malo!”. Albert Einstein observó
que «los problemas significativos que afrontamos no pueden solucionarse en el mismo
nivel de pensamiento en el que estábamos cuando los creamos». Ese nuevo nivel
de pensamiento requiere un enfoque de “adentro hacia afuera” con victorias
privadas que precedan a las victorias públicas, haciéndonos promesas a nosotros
mismos, y mantenerlas ante nosotros, y sólo después hacer y mantener promesas
ante los otros. No es suficiente despojarse de lo malo, debemos realizar
cambios fundamentales con nuevos y mejores hábitos. “Siembra un pensamiento,
cosecha una acción; siembra una acción, cosecha un hábito. Siembra un hábito,
cosecha un carácter; siembra un carácter, cosecha un destino”, dice el
proverbio.
