Hasta el siglo anterior, el sector educativo era rico en
estabilidad porque la demanda generosa de “clientes” rebosaba con creces la
oferta académica. Padres de familia eran objeto de la prepotencia y la antipatía
propia de las instituciones. Sin embargo el nuevo siglo ha traído un incremento
de la oferta y una disminución de la demanda que han impuesto nuevas reglas de
juego. La Institución Educativa, tanto pública como privada, debe ser
cada vez más competitiva, debe mantener la excelencia más allá de lo académico,
debe alcanzar un servicio diferenciado,
generar permanentemente valores agregados para mantener las relaciones
fortalecidas con los grupos de interés que giran alrededor de la comunidad
educativa: inversionistas, directivos, administrativos, docentes, alumnado,
padres de familia, proveedores, acreedores, Ministerio de Educación y país. Las instituciones educativas que prevalezcan serán aquellas organizaciones
capaces de mantenerse y crecer frente a los actuales desafíos de un mundo
global cambiante. Esto requiere tener colaboradores más capacitados y
preparados para ser capaces de generar los cambios necesarios para avanzar
frente a las adversidades del entorno con el fiel compromiso para alcanzar los
resultados esperados y más allá. Conocer
los aspectos clave del negocio, procedimientos y productos, no será suficiente.
Cada colaborador debe llegar a conocerse a sí mismo como individuo y a conocer
a los demás integrantes del equipo para tener consciencia de sus capacidades y
competencias, y con ello alcanzar la sinergia necesaria para obtener el máximo
como equipo.
