Esto de olvidar es asunto serio. Es cambiar la rutina, es
adaptarse, es desprenderse, es cambiar de piel, es desprenderse, es tragarse
palabras, es morir y renacer. Es pasar la página a regañadientes, es ponerle
punto final a fuerza… es estrujar la historia y arrancarle las lecciones. Es un
dèja vù continuo. Decía Marc Levy que: “Basta a veces algo insignificante, un
objeto recuperado, un olor, para que vuelva a nuestra memoria alguien que ya no
está… La memoria es una artista extraña, redibuja los colores de la vida, borra
lo mediocre y solo conserva los trazos más hermosos, las curvas más
conmovedoras”. Ahora, si los pensamientos de dos personas que se aman siempre
terminan por encontrarse, me pregunto a menudo, antes de dormirme por las
noches, si tú también piensas en mí cuando yo pienso en ti… Jamás nos dijimos adiós.
Aún conservo la sensación de tu último beso, aun te encuentro sonriendo en mis
sueños. Me gusta pensar que volveré a verte. No sé en qué lugar, ni en que
circunstancia. No sé si hoy, mañana o en alguna otra vida. No sé si siendo
ancianos, en forma de agua y piedra, flor y tierra o lluvia y cielo. Solo
pensar que voy a verte de algún modo; en algún tiempo en que nuestros destinos
coincidan nuevamente. Solo pienso en eso, en volver a verte. De todas maneras,
estas aquí, siempre estarás aquí. Sé que, en alguna parte, respiras, y eso ya
es mucho. Te amo…
