Quiero tener 60 años y seguir llamándote a altas horas de la
madrugada. Que me hagan llorar y seguir escuchando de ti: “¡Yo nunca te voy a
fallar!”, cometer las mismas estupideces y que me digas: “¿Ya ves? Te lo dije…”
Reírnos de la nada, pelearnos y reconciliarnos, jugar juntas, contarnos
secretos, ver películas… Porque si hay algo en lo que realmente no me equivoqué,
fue en elegirte como amiga. Conoces mis defectos y a pesar de ello, sigues a mi
lado ¡Sin abandonarme! No sé ni cómo ni porque pero has hecho de mi mundo un
lugar infinitamente mejor, que se preocupa de mi cuando estoy triste en todo
momento hasta verme feliz, es aquella por la que daría la vida porque la quiero
más que a mí misma. La miro y pienso: “¿Qué haría yo sin esta loca?” Eres mi
gran amiga y nadie me va a hacer cambiar de opinión. Sé que no nos vemos a
diario como antes. Las circunstancias nos llevaron por caminos distintos, pero sé
que cuando te he necesitado, siempre has estado para siempre para mí. Es mucha
la distancia y también el tiempo pero la confianza nuestra amistad ha
perdurado. Cuando recuerdo todas nuestras risas y nuestras aventuras, todas las
tristezas y todos los problemas que supimos resolver; agradezco a Dios el haber conocido y que seas mi amiga.
Que feliz me siento de tener una amiga que me acompaña a todos lados, te quiero
mucho y ¡Siempre estaremos juntas!
