martes, 2 de mayo de 2017

Vida al lìmite


A veces llega un día en el que no te quedan fuerzas para nada, en el que todas tus ilusiones se han desvanecido, en el que sientes que ya no te queda nada por que luchar, en el que ya no sales de tu hogar, en el que ya ni te molestas por arreglarte. Fastidiado por mantener la ira, de estar furioso, de levantarte cada día sabiendo que esta lucha es una pérdida absoluta. Intentas todo pero… siempre te falta algo. Llegas al límite cuando dejas de soportar algo porque ya no puedes, no porque ya no quieres. ¿Sabes cuándo te das cuenta que estás al límite? Cuando un día, por una estupidez, te vienen las lágrimas a los ojos. Cuando una palabra o un gesto insignificante te afectan profundamente. No significa ser frágil o débil, sino haber soportado demasiadas cosas, demasiado tiempo. Decía Edmundo Burke que: “Hay un momento límite en el que la paciencia deja de ser virtud”. Llegas al límite de no poder seguir sonriendo y decir “Estoy bien”; empiezas a llorar sin ningún motivo porque “Estas cansado”. Hay batallas que no pueden ganarse. Si sientes que cada paso es un castigo, ríndete, lo has intentado, has luchado con valor pero déjalo ya, deja de castigarte… Coincido con Elena Poe cuando dijo: “Entonces el mundo cree que vives enojado cuando en realidad solo estás cansado de lidiar con aquello que te lastima, renuncias y está bien…”